Revista CENTRA de Ciencias Sociales
| Julio-diciembre 2026 | vol. 5 | núm. 2
ISSN: 2951-6641 (papel) 2951-8156 (en línea)
Reseñas/Reviews
https://doi.org/10.54790/rccs.186
Emilia Aiello-Cabrera
Universidad Autónoma de Madrid, España
El libro de Nereida Ripero-Muñiz, Cosmopolitan Refugees: Somali Migrant Women in Nairobi and Johannesburg (Berghahn Books, 2026 [2023]), se inscribe en un campo de investigación donde convergen debates clave sobre migración, género y producción de conocimiento, y lo hace a partir de una intervención clara: cuestionar la persistencia de un imaginario que continúa representando a las mujeres refugiadas, especialmente musulmanas, como sujetos pasivos, homogéneos y carentes de agencia. Frente a esta representación, la autora propone una etnografía centrada en las voces y trayectorias de mujeres somalíes en Nairobi y Johannesburgo, dos espacios urbanos del Sur Global que, lejos de ser periféricos, funcionan como nodos complejos de movilidad, aspiración y producción social.
Este desplazamiento no es únicamente temático, sino profundamente epistemológico. El libro se sitúa en una tradición que entiende las narrativas como constitutivas de la identidad, en línea con los planteamientos de Somers (1994), quien sostiene que las identidades se configuran a través de redes narrativas que sitúan a los sujetos en el mundo social, y con Ochs y Capps (1996), que conciben la narración como una práctica situada, abierta e inacabada. En contextos de desplazamiento, esta perspectiva adquiere una relevancia particular: como ya apuntaba Said (1984), la experiencia migratoria puede vivirse como una «discontinuidad del ser», que solo puede recomponerse a través de relatos que conectan pasado, presente y futuro. En esta línea, la autora adopta una aproximación cercana a lo que Ricoeur (1970) denomina una «hermenéutica de la fe», priorizando una escucha que busca restaurar significado y dar voz a experiencias marginalizadas.
Esta apuesta se traduce en una etnografía donde las historias de vida no funcionan como ejemplos ilustrativos, sino como espacios de producción de conocimiento. Desde las primeras páginas, voces como la de Hibo, quien cuestiona abiertamente los estereotipos occidentales al afirmar que «la gente piensa que somos estúpidas», sitúan al lector en un registro que desborda la distancia analítica convencional. No se trata únicamente de documentar experiencias, sino de mostrar cómo las propias mujeres interpretan, negocian y resignifican sus trayectorias, evidenciando una reflexividad que atraviesa todo el trabajo de campo y que se despliega tanto en conversaciones cotidianas como en espacios más estructurados, como los workshops organizados por la autora. En estos talleres, la dimensión narrativa adquiere un carácter colectivo: las historias individuales se entrelazan, se corrigen y se rearticulan en interacción con otras, generando no solo relatos compartidos, sino también marcos interpretativos comunes desde los que pensar la propia experiencia migratoria. A ello se suma el uso de las imágenes que acompañan el texto, que no cumplen una función meramente ilustrativa, sino que contribuyen a situar al lector en los espacios y escenas descritos, reforzando esa sensación de proximidad y de conversación que caracteriza el conjunto de la obra.
Desde una perspectiva investigadora centrada en la agencia de mujeres migrantes y en el papel de las narrativas en procesos de transformación social, este enfoque resulta especialmente valioso. El libro no habla sobre ellas, sino con ellas, y en ese gesto reside, desde mi punto de vista, una de sus principales contribuciones, tanto científicas como sociales, el hecho de desplazar la autoridad interpretativa hacia los propios sujetos de investigación. Este movimiento no es trivial, ya que cuestiona jerarquías tradicionales en la producción de conocimiento y se alinea con enfoques que abogan por una investigación más participativa y situada, donde la voz de las personas investigadas no se limita a ilustrar teorías, sino que contribuye activamente a su formulación.
En este contexto, uno de los principales aciertos del libro es su capacidad para articular distintas dimensiones de la experiencia migratoria, desde la espacial, la económica o la identitaria, a partir de las narrativas de las mujeres. En este sentido, la comparación en el capítulo 1 entre Nairobi y Johannesburgo como «puerto» e «isla» permite comprender cómo diferentes configuraciones urbanas generan distintas condiciones de posibilidad para la acción. Nairobi aparece como un espacio con redes comunitarias más densas, donde la presencia somalí facilita formas de inserción y pertenencia, mientras que Johannesburgo se presenta como un entorno más fragmentado, atravesado por la xenofobia y la inseguridad.
Los relatos recogidos muestran trayectorias migratorias fragmentadas y no lineales, en las que los desplazamientos a través de varios países africanos forman parte de estrategias abiertas y revisables, más que de proyectos predefinidos. En este contexto, decisiones como contraer matrimonio antes de migrar, desplazarse en función de oportunidades cambiantes o reconfigurar los vínculos familiares en distintos puntos del trayecto ponen de manifiesto que la agencia se ejerce en condiciones de fuerte incertidumbre. No es casual que, en algunos relatos, la llegada a Johannesburgo aparezca marcada por experiencias de inseguridad o aislamiento, mientras que Nairobi se percibe como un espacio donde la densidad de redes somalíes permite reconstruir formas de apoyo y pertenencia.
Esta dimensión situada se refuerza en el análisis del «placemaking» en barrios como Eastleigh o Mayfair. La autora muestra cómo estos «Little Mogadishus» no son enclaves pasivos, sino espacios activamente producidos por la comunidad somalí, en línea con planteamientos como los de Rios y Watkins (2015). Las narrativas de mujeres que abren pequeños negocios, tales como tiendas, restaurantes o salones de belleza, permiten observar cómo la actividad económica se convierte en una forma de estabilizar trayectorias marcadas por la movilidad, al tiempo que transforma el espacio urbano y lo inserta en redes transnacionales más amplias. Sin embargo, estas mismas voces subrayan también las dificultades que atraviesan estos procesos, desde la inseguridad hasta la discriminación, evitando cualquier lectura simplificada del emprendimiento migrante.
En paralelo, el libro aborda la construcción de la identidad somalí en diáspora como un proceso relacional y dinámico. Las narrativas recogidas muestran formas de identidad híbridas, donde lo local y lo global se entrelazan en la vida cotidiana. En espacios como salones de belleza o encuentros informales, las mujeres articulan prácticas culturales somalíes con consumos globales y uso de redes sociales, negociando constantemente su posición entre diferentes marcos de referencia. Este proceso no está exento de tensiones: la necesidad de mantener vínculos con la comunidad de origen convive con el deseo de movilidad y apertura hacia otros horizontes, generando identidades que no pueden entenderse en términos dicotómicos.
Este análisis dialoga con debates sobre cosmopolitismo (Appadurai, 1996; Werbner, 2006; Vertovec, 2009), proponiendo una lectura que lo entiende como práctica cotidiana, no como privilegio de élites. En este sentido, el cosmopolitismo no aparece como un ideal abstracto, sino como una forma de habitar el mundo en contextos de movilidad, donde las mujeres desarrollan competencias culturales, lingüísticas y sociales que les permiten moverse entre distintos registros. En este marco, la noción de «buufis», desarrollada por Horst (2006) y retomada por Abdi (2015), resulta particularmente esclarecedora: más que un simple deseo de emigrar, el «buufis», remite a una aspiración intensa y socialmente compartida hacia la movilidad, que funciona como horizonte colectivo y orienta decisiones vitales en contextos de incertidumbre. De este modo, el deseo de migrar no aparece como una motivación individual aislada, sino como una fuerza social que configura expectativas, estructura trayectorias y da sentido a las experiencias de desplazamiento.
El capítulo final del libro, centrado en la agencia de las mujeres, constituye su núcleo analítico y el lugar donde la apuesta narrativa alcanza su mayor intensidad. A través de trayectorias marcadas por matrimonio, ruptura, trabajo y migración, la autora muestra cómo la agencia se despliega en contextos donde las opciones están condicionadas, pero no completamente determinadas. Decisiones como solicitar el divorcio, asumir la responsabilidad económica del hogar o reorganizar la vida familiar entre distintos países no aparecen como gestos excepcionales, sino como prácticas situadas que requieren negociación constante con estructuras familiares, económicas y culturales. En este sentido, las historias recogidas permiten comprender la agencia en términos cercanos a los planteamientos de Emirbayer y Mische (1998), como una capacidad temporalmente orientada que integra pasado, presente y futuro. Las aspiraciones hacia «una vida mejor», frecuentemente evocadas en los relatos, funcionan como motor que impulsa decisiones complejas, pero también como horizonte que permite dotar de sentido a trayectorias marcadas por la incertidumbre. Al mismo tiempo, el libro evita presentar estas aspiraciones de forma idealizada, mostrando cómo coexisten con experiencias de frustración, pérdida o desencanto, lo que contribuye a ofrecer una imagen más matizada de la experiencia migratoria.
En conjunto, el libro de Ripero-Muñiz constituye una aportación relevante a los estudios sobre migración y género, tanto por su enfoque teórico como por su aproximación metodológica. Su principal fortaleza reside en la capacidad de articular las narrativas de las mujeres con debates más amplios sobre identidad, agencia y cosmopolitismo, evitando tanto la victimización como la romantización. Al situar el análisis en contextos del Sur Global, la obra contribuye además a descentralizar el campo de los estudios migratorios, cuestionando la centralidad del Norte Global en la producción de conocimiento.
No obstante, como toda investigación, el libro también plantea interrogantes. La centralidad de las narrativas, si bien constituye una de sus principales fortalezas, puede dejar en un segundo plano el análisis sistemático de estructuras más amplias que condicionan las trayectorias. Asimismo, el énfasis en la agencia invita a seguir explorando cómo se articulan estas capacidades de acción con desigualdades estructurales persistentes, especialmente en contextos marcados por la precariedad jurídica, económica y social. En este sentido, cabría preguntarse hasta qué punto el caso de las mujeres somalíes, tal como se presenta en el libro, permite abrir una reflexión comparativa más amplia sobre otras experiencias de mujeres refugiadas en distintos contextos geográficos. La riqueza empírica y narrativa del estudio sugiere, de hecho, la posibilidad de haber incorporado un desarrollo adicional, quizá en forma de capítulo o de discusión final, que situara estas trayectorias en diálogo con otros casos, como los de mujeres refugiadas latinoamericanas o de otras diásporas del Sur Global, permitiendo así explorar tanto convergencias como especificidades en la articulación entre agencia, movilidad y estructuras de desigualdad.
Este tipo de apertura comparativa no implicaría diluir la especificidad del caso somalí, sino, por el contrario, reforzar su potencial analítico al inscribirlo en debates más amplios sobre género y migración. Del mismo modo, una mayor problematización de las condiciones estructurales, en particular, los marcos legales, los regímenes de movilidad y las jerarquías globales que configuran quién puede moverse y cómo, permitiría profundizar en las tensiones entre agencia y restricción que el propio libro pone de relieve. En este sentido, el trabajo de Ripero-Muñiz abre una línea de investigación especialmente fértil, pero también deja planteada la necesidad de seguir avanzando hacia marcos analíticos que integren de manera más explícita las escalas micro de la experiencia vivida con las macroestructuras que la condicionan.
Más allá de estas consideraciones, la relevancia del libro en el contexto actual resulta indiscutible. En un momento marcado por el endurecimiento de las políticas migratorias, la proliferación de discursos xenófobos y la persistencia de representaciones simplificadoras sobre las personas refugiadas, esta obra ofrece una perspectiva que permite complejizar el debate. Al mostrar a las mujeres somalíes como sujetos activos que construyen proyectos de vida, redes transnacionales e identidades múltiples, el libro contribuye a cuestionar narrativas hegemónicas que siguen informando tanto el discurso público como, en ocasiones, la propia investigación académica.
A nivel internacional, la obra se inserta en debates crecientes sobre la necesidad de repensar conceptos como agencia, pertenencia o cosmopolitismo desde enfoques más situados y sensibles a las experiencias del Sur Global. En este sentido, conecta con una agenda de investigación que busca integrar narrativas, agencia y transformación social, reconociendo a los propios sujetos como productores de conocimiento. Esta orientación resulta especialmente pertinente en campos como los estudios migratorios, donde la distancia entre producción académica y experiencia vivida ha sido objeto de críticas crecientes, y donde se hace cada vez más necesario desarrollar marcos analíticos capaces de captar la complejidad de trayectorias marcadas por la movilidad, la incertidumbre y la interdependencia.
En última instancia, el libro no solo aporta conocimiento sobre la diáspora somalí, sino que plantea una forma de hacer investigación con implicaciones más amplias. Al situar las narrativas en el centro y reconocer a las mujeres como agentes de interpretación, invita a repensar las relaciones entre investigación, representación y poder. En un contexto global donde las migraciones siguen siendo uno de los principales ejes de debate político y social, trabajos como este resultan fundamentales para construir marcos analíticos más complejos, capaces de dar cuenta de la diversidad de experiencias y de las múltiples formas de agencia que atraviesan las trayectorias migratorias.
Abdi, C. M. (2015). Elusive Jannah: The Somali diaspora and a borderless Muslim identity. University of Minnesota Press.
Appadurai, A. (1996). Modernity at large: Cultural dimensions of globalization. University of Minnesota Press.
Emirbayer, M. y Mische, A. (1998). What is agency? American Journal of Sociology, 103(4), 962-1023. https://doi.org/10.1086/231294
Horst, C. (2006). Transnational nomads: How Somalis cope with refugee life in the Dadaab camps of Kenya. Berghahn Books.
Malkki, L. H. (1995). Purity and exile: Violence, memory, and national cosmology among Hutu refugees in Tanzania. University of Chicago Press.
Ochs, E. y L. Capps (1996). Narrating the Self. Annual Review of Anthropology, 25(1), 19-43.
Portes, A., Guarnizo, L. E. y Landolt, P. (1999). The study of transnationalism: pitfalls and promise of an emergent research field. Ethnic and Racial Studies, 22(2), 217-237. https://doi.org/10.1080/014198799329468
Ricoeur, P. (1970). Freud and philosophy: An essay on interpretation. Yale University Press.
Rios, M. y Watkins, J. (2015). Beyond “Place”: Translocal Placemaking of the Hmong Diaspora. Journal of Planning Education and Research, 35(2), 209-219. https://doi.org/10.1177/0739456X14568023
Said, E. W. (1984). The mind of winter: Reflections on life in exile. Harper’s Magazine, 269(1612), 49-55.
Somers, M. R. (1994). The narrative constitution of identity: A relational and network approach. Theory and Society, 23(5), 605-649.
Vertovec, S. (2009). Transnationalism. London: Routledge.
Werbner, P. (2006). Vernacular cosmopolitanism. Theory, Culture & Society, 23(2-3), 496-498. https://doi.org/10.1177/026327640602300290