Revista CENTRA de Ciencias Sociales
| Julio-diciembre 2026 | vol. 5 | núm. 2 | pp. 149-160
ISSN: 2951-6641 (papel) 2951-8156 (en línea)
Debate/Debate
https://doi.org/10.54790/rccs.166
Debate/Debate: Una mirada hacia la adolescencia desde tres perspectivas/
A look at adolescence from three perspectives
M.ª Dolores Martín-Lagos López
Universidad de Granada, España
Recibido/Received: 21-10-2025 ![]()
Aceptado/Accepted: 23-3-2026
El presente editorial tiene como objetivo presentar los dos artículos que forman el debate. Para ello aborda la socialización política en la adolescencia desde una perspectiva sociológica. Se revisa la importancia de la ciudadanía en las sociedades democráticas mediante investigaciones clásicas. Además, se seleccionan investigaciones recientes publicadas en ciencias sociales en SCOPUS y Web of Science (2021-2026). Los resultados muestran cambios y permanencia. La familia sigue teniendo importancia en la socialización política junto con la escuela, el grupo de iguales y los entornos digitales. Aunque la familia sigue siendo central en la transmisión de valores y hábitos de participación, los pares y la escuela refuerzan aprendizajes cívicos, mientras que las redes digitales ofrecen oportunidades inéditas de compromiso político, aunque con desigualdades de acceso. Se subraya la adolescencia como etapa de agencia activa, no pasiva, en la construcción de la ciudadanía, donde la participación se entiende de manera amplia y multidimensional, y donde los procesos de socialización interactúan con emociones, identidad y estructuras sociales, configurando trayectorias políticas diferenciadas y potenciales caminos hacia la participación democrática.
palabras clave: socialización política; adolescencia; ciudadanía temprana; participación juvenil; agentes de socialización.
cómo citar: Martín-Lagos López, M. D. (2026). Editorial: Adolescencia, socialización política y ciudadanía temprana. Revista Centra de Ciencias Sociales, 5(2), 149-160. https://doi.org/10.54790/rccs.166
English version can be read on https://doi.org/10.54790/rccs.166
The aim of this editorial is to present the two articles that are part of the debate. For this purpose, it addresses political socialization in adolescence from a sociological perspective. The significance of citizenry is reviewed with classical research. Furthermore, recent research published in Social Sciences in SCOPUS and Web of Science (2021-2016) have been selected. The results show changes and continuity. Family continues to have significance in political socialization along with the school, peer group and digital environments. Although the family continues to be central in the transmission of values and participation customs, the peer group and the school strengthen civic learnings, whereas social media offers unprecedented opportunities of political engagement, although with access inequalities. Adolescence is emphasized as the stage of active agency, not passive, in the formation of citizenry, where participation is understood in an ample and multidimensional way, and where socialization processes interact with emotions, identity and social structures, shaping differentiated political trayectories and potential paths towards democratic participation.
keywords: political socialization; adolescence; early citizenry; youth participation; socialization agents.
Este editorial tiene como objetivo contextualizar el debate sobre la socialización política en la adolescencia desde una perspectiva sociológica y presentar los artículos que componen esta sección. Frente a las visiones simplificadoras, homogeneizadoras o estigmatizantes que se ofrecen de la adolescencia, los artículos aquí reunidos se fundamentan en datos y evidencias sobre la diversidad de experiencias, actitudes y orientaciones políticas existentes entre personas jóvenes, ofreciendo análisis desde un enfoque científico y empíricamente fundamentado, de especial relevancia para la vida política y la ciudadanía contemporáneas. Se ofrece una revisión tanto de investigaciones clásicas como de los resultados obtenidos en búsquedas en las bases de datos de Ciencias Sociales de Web of Science (WoS) y SCOPUS durante el periodo 2021-2026, sobre la importancia de la participación política de los y las adolescentes, así como de los cambios experimentados en los agentes de socialización.
Tras el editorial, el primer artículo, «La adolescencia española: una caracterización política y emocional», ofrece una aproximación detallada de las opiniones, actitudes y preocupaciones de adolescentes a partir de los microdatos de la Encuesta de Juventud de 2023. El análisis permite situar a las personas adolescentes de España en el mapa ideológico, conocer su situación emocional y sentimental, así como identificar sus principales preocupaciones sociales y afinidades cívicas.
Lejos de presentar a la juventud como un colectivo homogéneo, y frente a algunos discursos que describen las personas jóvenes como apáticos o desinteresados por la política, los resultados revelan una notable complejidad y pluralidad de posiciones que enriquecen el debate público y académico, ya que los datos muestran un colectivo crítico con la política institucional, lo cual abre interrogantes relevantes sobre las posibilidades y vías de reencantamiento político de esta etapa del ciclo vital, abordando a la vez su situación emocional, una dimensión de creciente interés en la investigación.
Por su parte, el segundo artículo, «Argumentaciones y evidencias en el debate sobre rebajar a 16 años la edad de voto», presenta un tema de plena actualidad en el ámbito de la ciudadanía democrática, como es el de la posible reducción de la edad mínima para votar a los 16 años. A través de una rigurosa revisión de la literatura internacional, basada principalmente en investigaciones realizadas en diversos países europeos, el trabajo presenta de manera sistemática los argumentos a favor y en contra de esta medida, evaluándolos a la luz de la evidencia empírica disponible. Además, el artículo incorpora resultados procedentes del Instituto de la Juventud (INJUVE) y del barómetro de mayo de 2025 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS, estudio 3510), que permiten conocer la opinión de la ciudadanía española sobre esta cuestión. Los resultados obtenidos permiten situar el debate más allá de posiciones normativas o intuitivas, y relacionarlo directamente con los procesos de socialización política previos a la mayoría de edad.
En conjunto, los trabajos que se presentan en la sección DEBATE sitúan el análisis sobre las actitudes políticas de la adolescencia y sobre el voto a los 16 años dentro de un marco de reflexión sobre socialización política y la construcción de la ciudadanía. Al hacerlo, contribuyen a una comprensión más compleja, matizada y empíricamente fundamentada de la participación política juvenil y de los retos que plantea la ampliación de los derechos democráticos en las sociedades contemporáneas.
La palabra participación procede del latín participare y supone intervenir, implicarse, colaborar, contribuir o ayudar. Atañe, por un lado, a la representación democrática del poder y, por otro, al control democrático de la autoridad otorgada. Son, como afirmara Murillo (1963), las dos piernas que le permiten al cuerpo democrático su locomoción. La necesaria participación de la ciudadanía, así como su implicación y compromiso, se solicita en esferas tan dispares como el consumo, la alimentación, la agricultura, la sanidad o la educación. Para ello es necesario que sean conscientes de sus derechos y obligaciones y que tomen parte en distintos escenarios. Ejemplo de ello es la llamada al consumo consciente, sus derechos, saber cómo reclamar o manifestarse por causas en las que se interviene como personas consumidoras, activistas o ciudadanas (Novo y Lozano-Cabedo, 2021).
En esta línea se aproximan los estudios de sociología política. Hace más de veinte años, Benedicto y Morán (2002) planteaban la necesidad de una ciudadanía activa donde la juventud pudiera llegar a estar presentes e implicada en contextos participativos. Su presencia era una experiencia fundamental para formar una ciudadanía competente y consciente de sus obligaciones. El fomento de las prácticas sociales en la construcción de las identidades ciudadanas también conlleva promover espacios donde realizarlas. Hoy en día, se hace presente el espacio digital como lugar de encuentro y debate.
En la misma línea, la participación no puede restringirse al voto y a las organizaciones. Hay que dar paso a una visión ampliada y diversificada de los canales y formas en las que puede ponerse en práctica la condición ciudadana (Parés, 2014). Según Alarcón (2022), los debates públicos sobre la participación juvenil desconocen hoy las múltiples formas en las que las nuevas generaciones participan. Sobczyk et al. (2022) analizan, empleando la Encuesta Social Europea (2018), las actividades que atraen a un mayor porcentaje de personas jóvenes. Entre otras, «firmar en una campaña de recogida de firmas», «publicar o compartir algo sobre política en Internet» o «hacer un boicot o dejar de comprar ciertos productos». Al margen de la idea de apatía o desafección, la investigación hoy se centra en reconocer los significados que les atribuyen a los y las jóvenes y mostrar el papel que desempeñan en los activismos juveniles (Aarab et al., 2025).
En la esfera educativa hay dos cuestiones de sumo interés relacionadas con la participación. Por una parte, se reclama la implicación (involvement) y el compromiso (engagement) de las familias en los centros educativos. Son agentes esenciales en la participación individual y colectiva. En esta vertiente, Joyce Epstein fue pionera desde su tesis doctoral (1974, no publicada) en investigar la vinculación entre familia y educación, proponiendo seis tipos de participación de las familias (Epstein, 1992) y aún hoy continúa trabajando en esa línea desde el enfoque del desarrollo de programas basados en la investigación para lograr el compromiso de las familias y la comunidad. En España, Jordi Garreta también ha seguido esta línea (Garreta, 2008), con especial interés en la diversidad y mediación intercultural en los centros.
Por otra parte, tanto el sistema educativo como las familias son agentes de socialización primordial a través del currículum en la socialización en valores y normas. Debatir, opinar, asumir roles de liderazgo, colaborar en la comunidad, se pueden aprender en las aulas. Cumplidos treinta años de la publicación de Apple y Beane Democratic Schools (1995), sus ideas siguen hoy vigentes para el debate presentado. Lamentaban entonces los autores que para muchos la democracia fuese un derecho de adultos. Por el contrario, consideraban que la educación en una democracia tenía la obligación de empoderar a las personas jóvenes para que se convirtieran en miembros de lo público, trabajando también en sus tensiones y contradicciones.
La familia ha sido considerada el agente primordial en el proceso de socialización en general, y política en particular (Jaime-Castillo, 2000; 2010). Son dos las cuestiones que hoy suscitan interrogantes sobre la pérdida de importancia de la familia en dicho proceso. La primera es que durante la adolescencia el grupo de pares cobra protagonismo, de modo que, en la búsqueda de su autonomía e independencia, surgen conflictos en el seno de las familias. La segunda es el importante rol que desempeñan hoy las TRIC (Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación) en la socialización durante la adolescencia, suponiendo un enorme conflicto para la convivencia familiar (Sanmartín et al., 2025).
La revisión de investigaciones indexadas en SCOPUS 2021-2026 muestra que, a pesar de eso, la familia sigue teniendo un papel importante en el proceso de socialización política. Al papel que juegan los progenitores se suman hermanas y hermanos (Kudrnáč et al., 2026), así como la familia extensa, con especial mención a los abuelos, abuelas, tíos y tías (García-Espín, 2025; Tamariz et al., 2026). La familia es clave en la confianza institucional puesto que no solo transmite ideología o identificación partidista, sino orientaciones afectivas hacia el sistema político (Elsayed, 2024). La intención de voto también está influenciada por familia y escuela, aunque esta última complementa a la familia, pero no la sustituye (Wiseman, 2025).
Kestilä-Kekkonen et al. (2025) ofrecen una respuesta contundente basada en datos de panel de adolescentes finlandeses. Su estudio, titulado explícitamente «Family Beats School?» (¿Gana la familia a la escuela?), concluye que, en lo relativo a la intención de voto, el origen familiar y el hábito de voto de los padres y/o madres prevalecen sobre el efecto de los itinerarios educativos (tracks). Incluso en sistemas educativos robustos como el finlandés, el habitus político adquirido en el hogar —la visión del voto como un deber cívico— es el predictor más resistente.
Sin embargo, esta transmisión no es un proceso de clonación ideológica. Weiss (2023) profundiza en la complejidad de la transmisión de la ideología izquierda-derecha, revelando que está fuertemente mediada por el género y los estilos de crianza. Su investigación indica que la transmisión no es uniforme: las madres y los padres influyen de manera diferente en hijas e hijos. Además, el estilo de crianza (autoritario vs. democrático) actúa como un modulador; un ambiente familiar abierto al debate facilita una transmisión de valores más efectiva que la imposición dogmática (Adorno et al., 1950; Baumrind, 1966). La ideología, por tanto, no se hereda como un rasgo genético, sino que se negocia a través de las dinámicas de poder y afecto dentro del hogar.
Otro resultado que hay que tener en cuenta en las prácticas de socialización familiar se refiere a la socialización temprana. La socialización familiar comienza mucho antes de la adolescencia. Carballo-Losada et al. (2025) aportan una perspectiva fascinante al estudiar a niños de 5 a 8 años. Demuestran que los niños otorgan importancia a problemas globales como el cambio climático; depende directamente de la percepción y comunicación de los padres y/o madres. Si los padres no verbalizan la importancia del problema y no actúan como modelos de preocupación ecológica, es improbable que el niño integre el cambio climático en su jerarquía de preocupaciones, independientemente de la educación ambiental escolar. Esto subraya que la familia actúa como el «guardabarreras» (gatekeeper) que decide qué problemas del mundo merecen atención.
Finalmente, la familia también puede ser fuente de desafección. Jungkunz y Weiss (2024) exploran el vínculo entre las relaciones negativas y el populismo. Los resultados sugieren que los adolescentes que experimentan relaciones conflictivas o de rechazo con sus padres, maestros o pares son más propensos a desarrollar actitudes populistas. El malestar relacional y la falta de reconocimiento en el entorno cercano se traducen en una desconfianza generalizada hacia las figuras de autoridad y las instituciones. El populismo juvenil, así, podría tener raíces tanto en la disfunción relacional microsocial como en la estructura macro.
La investigación centrada en la socialización en el sistema educativo señala la influencia de la elección de ramas de conocimiento en la política. Estudiar artes y humanidades o empresas y economía también tiene un impacto en el voto (Martin et al., 2025). Además, la cultura popular también educa y politiza. Sun (2023) nos recuerda, a través del análisis de la literatura juvenil internacional, que los productos culturales son potentes transmisores de ideología. La literatura juvenil construye imaginarios sobre la justicia, la rebelión, la autoridad y la memoria histórica. Las narrativas que consumen en esta etapa actúan como marcos cognitivos a través de los cuales interpretan la realidad política actual.
Por un lado, debatir en el colegio fomenta la igualdad de género, puesto que ellas tienden a participar menos en esta esfera (García-Albacete y Hoskins, 2025). Actividades como participar en una experiencia simulada de voto en los centros educativos en secundaria aumenta el interés político (Jung y Lee, 2025; Sun y Janmaat, 2025). Las discusiones con sus grupos de iguales y con personas adultas predicen la motivación política posterior.
Por su parte, la escuela es el lugar donde se procesan las identidades culturales. El trabajo de Kubi et al. (2022) evidencia que la «socialización étnico-racial escolar» es determinante. Los mensajes implícitos y explícitos que la escuela emite (currículum eurocéntrico, trato disciplinario diferenciado) moldean la conciencia crítica en la juventud. Cuando la escuela fracasa en validar estas identidades, paradójicamente puede fomentar un activismo de resistencia; sin embargo, el ideal democrático requiere que la escuela sea un espacio de empoderamiento, no solo de conflicto defensivo.
Durante la adolescencia, la mirada se vuelve hacia los iguales. La sociología clásica a menudo temía que el grupo de pares funcionara como un agente «desviado» que contradecía los valores cívicos. Sin embargo, la investigación reciente matiza esta visión de ruptura generacional.
Karkdijk et al. (2025) introducen el concepto de «congruencia» en las actitudes cívicas. Al examinar la similitud de valores entre adolescentes, sus madres, padres y amistades, hallaron un alto grado de homofilia. Esto implica que las personas jóvenes tienden a agruparse con pares que compartan los valores básicos de sus familias. Por tanto, en muchos casos, el grupo de iguales actúa como una «cámara de eco» social que refuerza y consolida, más que desafía, la socialización primaria. Lejos de la imagen de adolescente rebelde que rompe con todo lo aprendido en casa, los datos muestran una continuidad: se eligen amistades que se parecen a las familias en términos de confianza institucional y valores cívicos, creando burbujas de consenso que pueden limitar la exposición a puntos de vista divergentes.
Por último, en relación con las redes sociales, aunque las personas adolescentes reconocen la importancia de la política, tienden a alejarse de los debates de este tipo al asociarlos con conflictos y con el miedo a ser juzgadas y excluidas. Las redes sociales moldean sutilmente sus opiniones a través del entretenimiento y contribuyen a normalizar las narrativas polarizadas (Paz-Rebollo et al., 2026). En cuanto al impacto que tienen las redes en los mensajes, los resultados muestran que entre adolescentes no se encuentra más influenciabilidad que entre personas adultas y, en ambos casos, se dejan llevar por opiniones partidistas cuando van respaldadas por un partido afín más que por los mensajes que reciben muchos likes (Arceneaux et al., 2025).
En la era del algoritmo, Maurissen y Claes (2023), analizando datos comparativos de 21 países, confirman que el entorno digital ofrece oportunidades de participación inéditas (online political engagement). Sin embargo, advierten contra el tecnooptimismo. Entre otras razones porque el acceso a estas formas de participación no es igualitario. Existen brechas digitales de segundo nivel (habilidades y uso) que replican las desigualdades socioeconómicas offline. En este sentido no todas las personas jóvenes usan internet para el activismo; para muchas, es solo entretenimiento, lo que amplía la brecha cívica.
Finalmente, es imperativo mencionar la socialización en los contextos más extremos. Bähr y Taylor (2023) proponen el «Modelo de Construcción de Paz del Desarrollo» (Developmental Peacebuilding Model). Sus investigaciones en zonas de conflicto armado desafían la narrativa de jóvenes únicamente como víctimas traumatizadas o perpetradores violentos. Concluyen que, incluso creciendo en medio de la violencia, desarrollan una agencia significativa para convertirse en agentes constructores de paz (peacebuilders). A través de la participación comunitaria y el desarrollo de empatía hacia el «otro» grupo, pueden romper los ciclos intergeneracionales de violencia. Este hallazgo es un testimonio poderoso de la resiliencia y la socialización democrática incluso cuando las instituciones fallan.
La literatura reciente sobre socialización política en la adolescencia ha evolucionado desde modelos clásicos verticales y unidireccionales hacia enfoques que la conciben como un proceso dinámico, multidimensional y bidireccional. Aunque la familia sigue siendo un agente central, su influencia depende del contexto relacional, la comunicación política y el interés adolescente; la escuela contribuye no solo mediante el currículo, sino especialmente a través de un clima participativo y deliberativo; y los pares y asociaciones refuerzan formas de socialización lateral vinculadas a prácticas participativas tempranas. Asimismo, los medios de comunicación y las redes digitales influyen en el conocimiento, las actitudes y la participación política, con efectos ambivalentes condicionados por el contexto. La investigación también destaca las personas adolescentes como agentes activos en su propio proceso de socialización y subraya la relevancia del contexto estructural, las desigualdades y la diversidad social en la configuración de trayectorias políticas diferenciadas. En conjunto, el debate contemporáneo entiende la socialización política en esta etapa de la vida como un proceso contextual, interactivo y no determinista, más que como una mera transmisión pasiva de valores.
La coordinadora del debate agradece su labor a los evaluadores, así como al equipo editorial de la publicación.
Aarab, M., Benedicto, J., Betancor, G., García-Espín, P., Gil, J., Gómez Nicolau, E. y Revilla, J. C. (2025). Activismos juveniles en una sociedad individualizada: Reflexiones prácticas. Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
Adorno, T. W., Frenkel-Brunswik, E., Levinson, D. J. y Sanford, R. N. (1950). The authoritarian personality. Harper & Brothers.
Alarcón, F. J. (2022). Qué sabemos de la participación política de los jóvenes en democracia. Una revisión de las problemáticas sobre los jóvenes, la participación política y la democracia. Revista Internacional de Pensamiento Político, 17(1), 13-30.
Apple, M. W. y Beane, J. A. (1995). Democratic schools. ASCD.
Arceneaux, K., Dunaway, J., Nickerson, D., Settle, J. y Goidel, S. (2025). Popularity or partisanship? Cue taking on social media among teens and adults. American Politics Research. Advance online publication. https://doi.org/10.1177/1532673X251343035
Bähr, C. y Taylor, L. K. (2023). Growing up amid conflict: Implications of the Developmental Peacebuilding Model. Advances in Child Development and Behavior, 65, 199-234. https://doi.org/10.1016/bs.acdb.2023.05.001
Baumrind, D. (1966). Effects of authoritative parental control on child behavior. Child Development, 37(4), 887-907. https://doi.org/10.2307/1126611
Benedicto, J. y Morán, M. L. (2002). La construcción de una ciudadanía activa entre los jóvenes. Instituto de la Juventud (INJUVE).
Carballo-Losada, M., Collado, S. y Evans, G. W. (2025). Young children’s global climate change salience and comprehension: The effect of parental perception and communication. Journal of Environmental Psychology, 105, 102174. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2024.102174
Elsayed, W. (2024). Building a better society: The vital role of family’s social values in creating a culture of giving in young children’s minds. Heliyon, 10(7), e29208. https://doi.org/10.1016/j.heliyon.2024.e29208
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Profesora de la Universidad de Granada. Sus líneas de investigación incluyen la sociología de la educación, que conecta con temáticas como la infancia, adolescencia y juventud y una visión desde el hogar y el apoyo parental, también durante el COVID. Ha participado en investigaciones como la trayectoria educativa de los estudiantes hasta su llegada a la universidad, la participación de las familias en la educación de sus hijos, el papel de los comedores escolares y la alimentación. Recientemente ha liderado un proyecto sobre la socialización familiar de la adolescencia en Andalucía, entrevistando a adolescentes y a sus familias sobre el modo en el que han vivido esta etapa.