Revista CENTRA de Ciencias Sociales
| Julio-diciembre 2026 | vol. 5 | núm. 2 | pp. 59-82
ISSN: 2951-6641 (papel) 2951-8156 (en línea)
Artículos/Articles
https://doi.org/10.54790/rccs.145
Antonio M. Lozano Martín
Universidad de Granada, España
Victoria Aragón García
Universidad de Granada, España
José Luis Paniza Prados
Universidad de Granada, España
Recibido/Received: 26-5-2025 ![]()
Aceptado/Accepted: 23-3-2026
Este estudio analiza mediante encuesta, basada en cuestionarios validados (FUNCAS, UCM), a 1.437 estudiantes de grado de diversas facultades y titulaciones de la Universidad de Granada, la percepción que tienen sobre su autoubicación social (posición que ocupan en la estratificación social) y sobre cómo está distribuida la riqueza en España. Los resultados revelan una sobreidentificación con la clase media, conocimiento limitado de la desigualdad real y una visión ideal más igualitaria que, no obstante, concentra riqueza en clases altas. Se constata reproducción del capital educativo familiar y una presencia menor de clases populares en la universidad. Se concluye un desajuste significativo entre la posición socioeconómica objetiva y la autopercepción estudiantil, junto con una tendencia a concentrar recursos en sectores privilegiados. Estos hallazgos subrayan la necesidad de que la universidad refuerce su función crítica y pedagógica para formar ciudadanos conscientes, informados y comprometidos con la equidad social.
palabras clave: clase social; percepción desigualdad; estudiantado universitario; estratificación social; distribución de la riqueza.
cómo citar: Lozano Martín, A. M., Aragón García, V. y Paniza Prados, J. L. (2026). Percepciones sobre la desigualdad de clase en el estudiantado de grado: el caso de la Universidad de Granada. Revista Centra de Ciencias Sociales, 5(2), 59-82. https://doi.org/10.54790/rccs.145
English version can be read on https://doi.org/10.54790/rccs.145
This study analyzes, through a survey based on validated questionnaires (FUNCAS, UCM), a sample of 1,437 undergraduate students from various faculties and degree programs at the University of Granada, focusing on their perceptions of social self-placement (the position they believe they occupy within the social stratification system) and their views on the distribution of wealth in Spain.
The results reveal an overidentification with the middle class, limited awareness of actual inequality, and an idealized, more egalitarian vision that nevertheless concentrates wealth in the upper classes. The data also show the reproduction of familial educational capital and the underrepresentation of working-class students in higher education.
The study concludes that there is a significant mismatch between students’ objective socioeconomic positions and their subjective self-perceptions, along with a clear tendency for resources to remain concentrated among privileged sectors. These findings highlight the need for universities to strengthen their critical and educational role in shaping socially aware, informed, and equity-oriented citizens.
keywords: social class; perception of inequality; university students; social stratification; distribution of wealth.
La desigualdad de clase constituye uno de los temas centrales de la sociología ya que afecta de forma directa a las oportunidades vitales y condiciona el acceso a los recursos económicos, educativos y simbólicos de los individuos en las sociedades actuales. No obstante, diversos estudios han evidenciado que la percepción subjetiva que se puede tener sobre dicha desigualdad no siempre se ajusta a la realidad, especialmente entre los sectores más jóvenes de la población.
Es por ello que examinar la percepción que sobre la desigualdad de clase tiene el estudiantado universitario resulta fundamental desde una perspectiva sociológica por diversas razones. En primer lugar, las percepciones de desigualdad no son simples opiniones individuales, sino representaciones sociales que reflejan y reproducen estructuras de poder, legitimidad y movilidad social (Bourdieu, 1982; Jost, 2019). Analizar cómo los futuros profesionales interpretan la desigualdad permite comprender los mecanismos simbólicos mediante los cuales se naturalizan o cuestionan las jerarquías sociales. En segundo lugar, el estudiantado universitario constituye un grupo social clave en los procesos de cambio cultural y político. Sus concepciones acerca de la justicia social, la meritocracia y la movilidad influyen en su comportamiento y en sus futuras decisiones profesionales e institucionales. Por tanto, conocer cómo perciben la desigualdad económica y las clases sociales ofrece información valiosa sobre el tipo de ciudadanía que las universidades están formando (García et al., 2022), investigar cómo los estudiantes universitarios interpretan su posición de clase permite identificar hasta qué punto pueden estar desarrollando una conciencia crítica sobre las estructuras sociales.
Además, la universidad es una institución que, aunque históricamente se ha concebido como espacio de movilidad social, continúa reproduciendo desigualdades de origen vinculadas al capital económico, cultural y social de las familias (Bourdieu, 2022; Gairín y Suárez, 2017), lo que nos permite plantearnos hasta qué punto la educación superior cumple su función democratizadora o, por el contrario, refuerza las distancias sociales existentes.
En suma, estudiar cómo el estudiantado universitario percibe la desigualdad de clase no solo permite visibilizar el grado de consciencia que tienen sobre su posición dentro de la estratificación social, sino también promover una reflexión crítica sobre el papel de la educación superior en la construcción de una sociedad más equitativa y socialmente consciente.
Este artículo examina la percepción que sobre la desigualdad de clase tiene el estudiantado de grado de la Universidad de Granada, con el objetivo de indagar cómo se autoubican socialmente y qué representaciones manejan sobre la distribución de la riqueza en España. A través de una metodología cuantitativa basada en encuesta, se busca aportar evidencia empírica sobre los mecanismos de legitimación, desconocimiento o crítica de las desigualdades sociales por parte del estudiantado universitario. El análisis de estas percepciones resulta clave para comprender, como ya hemos comentado anteriormente, hasta qué punto la educación superior contribuye a reproducir o cuestionar el orden social establecido.
Diversos estudios, como vamos a ver a continuación, han mostrado que las percepciones sociales, especialmente en torno a fenómenos estructurales como la desigualdad, tienden a estar distorsionadas respecto a la realidad objetiva. Esta disonancia perceptiva puede explicarse, en un primer momento, por las experiencias que los individuos experimentan en sus prácticas sociales cotidianas y por la posición social de los mismos: las personas pertenecientes a clases más bajas tienden a percibir menores niveles de desigualdad que aquellas situadas en estratos más altos, lo que se asocia a una menor disponibilidad de información sobre la distribución real de la riqueza (Castillo, Miranda y Carrasco, 2012; García et al., 2022).
Las creencias, experiencias personales y posicionamientos ideológicos configuran la forma en que se percibe la desigualdad (Irwin, 2018). Así mismo, el acceso desigual a recursos esenciales puede modificar la visión individual de lo que constituye riqueza o bienestar, al tiempo que el entorno social inmediato actúa como marco de referencia. Dawtry, Sutton y Sibley (2015) indicaron que las personas que interactúan principalmente con individuos de alto estatus económico tienden a sobredimensionar el nivel de riqueza promedio en la sociedad y, en consecuencia, a mostrarse menos favorables a las políticas redistributivas.
En este sentido, el estatus socioeconómico subjetivo (SSES, por sus siglas en inglés) constituye una variable fundamental para comprender las actitudes hacia la redistribución. Este concepto, que capta la autoubicación de una persona en la jerarquía social, predice actitudes y comportamientos políticos de manera más precisa que las medidas objetivas tradicionales, al incorporar evaluaciones comparativas y percepciones subjetivas (Kraus et al., 2013). El SSES permite explicar por qué individuos con rentas modestas se identifican como clase media y muestran preferencias redistributivas moderadas (Operario et al., 2004).
Desde la psicología social se han desarrollado diferentes enfoques que explican por qué los individuos tienden a minimizar la desigualdad. La perspectiva motivacional sostiene que las personas tienden a justificar el statu quo, reduciendo así su sensibilidad hacia la desigualdad cuando esta se percibe como coherente con las ideologías dominantes (Jost et al., 2009). La perspectiva intergrupal plantea que la desigualdad contribuye a la segmentación social y a la consolidación de jerarquías que refuerzan la distancia simbólica y material entre grupos (Jetten et al., 2017). Por su parte, el enfoque cognitivo argumenta que los individuos utilizan atajos mentales para simplificar fenómenos económicos complejos, generando interpretaciones sesgadas de la desigualdad (Eidelman y Crandall, 2012).
La teoría de la identidad social (Tajfel y Turner, 1979) introduce una dimensión central para el análisis de la legitimidad percibida. Según esta perspectiva, la respuesta individual ante la desigualdad depende de la percepción de justicia o injusticia que se tenga. Cuando las personas consideran que su posición es legítima y merecida, tienden a aceptar la desigualdad y a mostrar menor disposición al cambio; sin embargo, cuando la perciben como injusta, aparecen actitudes orientadas a la transformación social.
Asimismo, las ideologías políticas desempeñan un papel determinante en la interpretación de la desigualdad. Quienes se identifican con posturas progresistas o de izquierda tienden a considerar la desigualdad como un problema estructural que requiere políticas redistributivas, mientras que las ideologías conservadoras o de derecha suelen legitimarla como resultado del mérito individual o de las decisiones personales (Guzmán, Barozet y Méndez, 2017). En esta línea, la ideología neoliberal ha contribuido a normalizar la desigualdad al presentarla como una consecuencia natural de la meritocracia.
Desde la teoría de la justificación del sistema (Jost, 2019) se entiende que las personas tienden a legitimar el orden social existente para reducir la disonancia y la incertidumbre, incluso cuando dicho orden les resulta desfavorable. Este mecanismo de autojustificación y normalización de las jerarquías explica la coexistencia de un reconocimiento cognitivo de la desigualdad con una baja disposición a promover políticas redistributivas (Jost y Hunyady, 2005). En consecuencia, la justificación del sistema actúa como un amortiguador que limita la conversión de las percepciones de desigualdad en demandas políticas.
Se podría decir que la sensibilidad hacia la desigualdad depende de la posición de clase y del contexto institucional. Para Haddon y Wu (2021), personas en distintas posiciones sociales pueden responder de manera heterogénea ante los cambios en la desigualdad, mientras que Kenworthy y McCall (2008) evidenciaron que la relación entre desigualdad de mercado y apoyo a políticas redistributivas está mediada por la ideología y las estructuras políticas. En conjunto, estas investigaciones subrayan que la percepción de desigualdad actúa como un mediador crucial entre la desigualdad objetiva y las actitudes redistributivas. Diversos estudios muestran que al corregir la información sobre la concentración real de ingresos aumenta el apoyo a la redistribución (Gimpelson y Treisman, 2018; Iacono y Ranaldi, 2021). Así, el desconocimiento o la infravaloración de la desigualdad reducen la presión ciudadana por el cambio, especialmente entre quienes se autoperciben como clase media o justifican el sistema existente (Haddon y Wu, 2021; Jost, 2019; Kenworthy y McCall, 2008).
Estudios comparativos internacionales, como los del International Social Survey Programme (ISSP), el European Values Study (EVS) y el World Values Survey (WVS), muestran que las creencias sobre la desigualdad y la justicia distributiva varían sustancialmente entre países según factores institucionales, culturales y de desigualdad objetiva (Hadler, 2005; Niehues, 2014). Estos programas, cuyo objetivo es el análisis social comparado y el estudio de la transformación de valores y percepciones en diferentes contextos culturales, permiten analizar la correspondencia entre desigualdad objetiva y subjetiva, revelando cómo el contexto informativo y político condiciona las percepciones sociales.
La educación superior constituye un espacio clave para el análisis y la transformación de las percepciones sobre la desigualdad. Hipólito y Castro (2021, p. 89) destacan que «la educación no se limita a la adquisición de conocimientos, sino que también tiene la función de producir sujetos, identidades y deseos, el fin del arte de enseñar no es moldear personas, sino, inspirar, dirigir, revitalizar para imaginar un mundo mejor». En este sentido, la universidad es simultáneamente un lugar de aprendizaje técnico e instrumental y un espacio de formación crítica orientado a identificar y transformar las desigualdades sociales. Por ello, su función esencial debería ser la de formar ciudadanos capaces de participar activamente en la vida social, cultural y política, contribuyendo al desarrollo de una sociedad más equitativa.
Desde esta perspectiva, Gairín y Suárez (2017) subrayan que las universidades no son instituciones neutrales, sino que pueden actuar tanto como reproductoras de desigualdades como agentes de avance democrático. De manera complementaria, Brito y Moya (2017) sostienen que la universidad debe mantener su misión histórica, pero adaptarse a las transformaciones sociales contemporáneas, anticipando escenarios de equidad y cohesión social. En consecuencia, las instituciones de educación superior deben promover una formación ciudadana activa que relacione los procesos educativos con los cambios sociales.
Por otro lado, en el lugar que ocupa el estudiantado en la sociedad, situamos los análisis de Alonso et al. (2017) que estudian a los jóvenes de manera cualitativa, siendo uno de los colectivos más afectados por la crisis económica, los recortes sociales y la desigualdad creciente en los últimos años. Estos se enfrentan a un paisaje marcado por un elevado desempleo y una enorme incertidumbre, por lo que serían un grupo vulnerable y de enorme interés sociológico para conocer cómo se perciben estos cambios sociales, políticos y económicos.
Cabe destacar que en este estudio se dividieron entre precarios jóvenes y jóvenes adultos con diferentes orígenes sociales, trayectorias personales y educativas y distintas cargas familiares. Atendiendo a los resultados, se pueden encontrar distintos grupos de distintas clases sociales, se menciona la precarización laboral, las clases medias y nuevas políticas. Lo más llamativo es que todos los grupos (con la excepción del grupo con perfil más acomodado de estudiantes de universidad privada) presentan estrategias de supervivencia laboral debido al contexto negativo con el que se han encontrado. Es decir, todos los grupos de estudiantes manifiestan sus problemas para poder acceder a trabajos para los que se han formado y la necesidad que tienen de subsistir con los trabajos que se les ofrezca.
Por otra parte, al hablar del aumento de la desigualdad y del declive de los servicios públicos, se llega a la conclusión de que lo que sucede es que «una antigua clase media, empobrecida, debe seguir sintiéndose privilegiada —pese a haber perdido bienestar—, pues la situación de crisis ha hecho emerger situaciones de pobreza extrema» (Alonso, et al., 2017, p. 162). Por tanto, según se desciende en el perfil social de los grupos de estudiantes, es más dramática la percepción de un empobrecimiento y una polarización social que se considera indiscutible (Alonso et al., 2016). El empobrecimiento se refleja en un consenso prácticamente absoluto en torno a la reducción generalizada de los salarios y el empeoramiento radical de las condiciones de trabajo. El grupo que menos preocupado se encuentra son aquellos procedentes de clases sociales altas. No obstante, la percepción mayoritaria de los jóvenes participantes en este estudio es que la desigualdad seguirá siendo perpetrada y generalizada por los salarios y el empeoramiento radical de las condiciones de trabajo.
Los datos de la encuesta de FUNCAS sobre percepciones de desigualdad en España confirman esta tendencia: la mayoría de los encuestados reconoce la existencia de amplias diferencias de ingresos, pero muestra desconocimiento sobre la magnitud real de la pobreza. Además, aunque un 45,6% se muestra dispuesto a pagar más impuestos para reducir las desigualdades, un 54,4% rechaza dicha opción, lo que sugiere una brecha entre el reconocimiento de la desigualdad y la voluntad de actuar para corregirla.
A pesar de la relevancia del análisis de la percepción de la clase social como eje de desigualdad, su dimensión subjetiva no ha sido un área excesivamente analizada específicamente en el contexto universitario (Reay, 2005). La literatura suele centrarse en indicadores objetivos de estratificación social, desatendiendo aquellos aspectos que hacen de la clase social una realidad vivida que moldea las expectativas y el habitus académico del estudiantado (Bourdieu, 1987). Ante esta situación, el presente artículo, con un marcado carácter exploratorio, pretende mapear las percepciones y creencias que los estudiantes de grado tienen sobre su posición en la estructura social.
El objetivo principal de este proyecto es conocer la percepción que tiene el estudiantado de la Universidad de Granada acerca de su posición dentro de la estructura social y, más concretamente, sobre la pertenencia a la clase social, así como su visión sobre cómo está distribuida la riqueza en España.
Nuestro trabajo se presenta en torno a los siguientes objetivos específicos:
La investigación aboga por el uso de metodología cuantitativa con un marcado enfoque descriptivo y comparativo, utilizando como técnica metodológica la encuesta, a través de la aplicación de un cuestionario autoadministrado aplicado mayoritariamente de forma presencial bajo supervisión en el aula al estudiantado de grado de la Universidad de Granada (UGR). El trabajo de campo se realizó durante los meses de marzo y mayo de 2024, distribuido en 21 facultades y 67 titulaciones divididas en las siguientes ramas de conocimiento: Arte y Humanidades, Ciencias, Ciencias de la Educación, Ciencias de la Salud, Ciencias Jurídicas, Ciencias Sociales, Economía y Empresa, Ingeniería y Arquitectura. La población de referencia está compuesta por 46.599 estudiantes matriculados durante el curso 2023/2024 (Memoria del curso académico 23/24).
El diseño muestral se articuló a partir de un sistema de conglomerados polietápico. En la primera etapa se seleccionaron las titulaciones según área de conocimiento, y en una segunda se seleccionaron los grupos/clase dentro de cada titulación para la aplicación definitiva del cuestionario. El tamaño de la muestra final fue de n = 1.437 casos válidos, de los cuales 498 (34,5%) son hombres, 911 (63,2%) son mujeres y 28 (1,9%) son de otras identidades de género. Asumiendo una varianza poblacional máxima (p = q = 0,5), un nivel de confianza del 95% y un efecto de diseño DEFF de 1,5, el error muestral teórico se situó en el 3,1%. No obstante, esta estimación debe interpretarse con cautela, debido a que la captación de participantes combinó la administración presencial en el aula con la difusión del cuestionario en el WhatsApp del grupo clase (enlace/QR) y por lo tanto la participación final efectiva estuvo condicionada por la asistencia a clase y por la voluntariedad del estudiantado. En este sentido, aunque el diseño de la investigación proporcionó una cobertura amplia y diversa de titulaciones y ramas de conocimiento, los resultados deben considerarse como una aproximación empírica sólida a la población de estudiantes de la Universidad de Granada, pero en ningún caso como una representación estrictamente probabilística exenta de sesgos de selección y de no respuesta. Además, la ausencia de la categoría explícita «clase trabajadora» en el cuestionario puede haber favorecido la sobreidentificación de los encuestados con la clase media, lo cual conviene tener presente al comparar con otros estudios.
Para la recogida de datos se ha confeccionado un cuestionario con un total de 15 preguntas ubicadas en tres bloques: 1. Sociodemográfico. 2. Percepciones sobre pertenencia a la clase social. 3. Percepción sobre la distribución de la riqueza.
Para la elaboración de dicho cuestionario hemos tomado como referencia:
El análisis de datos fue exclusivamente descriptivo, todos los porcentajes, estadísticos y tablas se realizaron utilizando SPSS versión 28.
Para nuestro análisis hemos introducido una comparación de nuestros datos con los del estudiantado de la Universidad Complutense de Madrid (tomando como referencia el Proyecto de Innovación Docente Convocatoria 2021/2022, n.º de proyecto: 40, anteriormente citado), y con el resto de la población española según el Estudio 3427, Barómetro de noviembre 2023, del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
En cuanto a la presentación de resultados, parte de las tablas se estructuraron de forma comparativa, mostrando simultáneamente los valores de la UGR, la UCM y la población española, así como datos «reales» frente a percepciones «subjetivas», con el objetivo de visualizar los desajustes entre desigualdad objetiva y percibida.
Este esquema, que es ampliamente utilizado (Debbeler, Schupp y Renner, 2021; Bublitz, 2016; Faggian, Michelangeli y Tkach, 2023), pide a los encuestados estimar la distribución (percepción) y a continuación indicar cuál sería su distribución deseada (ideal), lo que nos va a permitir analizar: 1. El grado de error de percepción. 2. La dirección del sesgo (infra o sobrevaloración de la desigualdad). 3. La distancia entre lo que la gente cree y lo que desearía y 4. Las implicaciones para preferencias de política redistributiva.
En un primer momento vamos a presentar una radiografía del estudiantado de la UGR atendiendo a sus circunstancias socioeconómicas, tales como la renta de la unidad familiar, el nivel de estudios y la ocupación de sus madres /padres.
4.1.1. Renta anual por unidad familiar
En la tabla 1 queda representada la renta familiar anual de las personas encuestadas, situándose en torno a un 38% por debajo de los 21.000 euros, el 40% entre 21.000 y los 47.000 euros y el 20% por encima de los 47.000 euros. Si lo comparamos con la renta anual en España vemos que los tramos son muy similares: 38%, 40% y 17%, respectivamente.
El porcentaje de familias con ingresos inferiores a 13.000 euros es notablemente menor en la UGR (9,4%) que en el conjunto de España (14,4%). Esto indica que la población vinculada a la UGR tiende a tener una posición socioeconómica algo más favorable en los estratos más bajos. Por el contrario, el grupo con ingresos superiores a 60.000 euros es más reducido en la UGR (5,2%) frente al promedio nacional (7,0%), lo que sugiere que, aunque la muestra presenta menos hogares de renta baja, también hay menos hogares de renta muy alta. Estos últimos podrían tratarse de familias que pueden permitirse enviar a sus hijos a estudiar a universidades privadas o, incluso, fuera de España.
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Tramos de renta |
UGR |
España |
|
13.000 o menos |
9,4 |
14,4 |
|
13.001 a 21.000 |
29,5 |
24,3 |
|
21.001 a 32.000 |
23,2 |
21,7 |
|
32.001 a 47.000 |
17,5 |
18,2 |
|
47.001 a 60.000 |
15,2 |
10,3 |
|
Más de 60.000 |
5,2 |
7,0 |
Fuente: elaboración propia. CIS Estudio 3427. Barómetro de noviembre 2023.
4.1.2. Nivel de estudios de los padres/madres
El nivel de estudios de las madres/padres del estudiantado de la UGR podemos verlo en la tabla 2, siendo los estudios superiores y los estudios de secundaria en los que se aglutina la mayor parte, 58,9% en el caso de las madres y 53,9% en el caso de los padres. Además lo hemos comparado con el nivel de estudios del resto de «madres/ padres» en el ámbito nacional y con los de la UCM. De este modo, el nivel educativo tanto de doctorado (7,7% y 7,4%) como de estudios superiores (35,4% y 28,4%) en las madres/padres del estudiantado de la UGR es muy superior al de la media de madres/ padres españoles y lo mismo ocurre con las madres/padres del estudiantado de la UCM.
Esto nos estaría indicando una transmisión intergeneracional del capital educativo, en la que las familias con mayor formación acceden en mayor proporción a la universidad. Acceso universitario aún limitado para descendientes de familias con bajo nivel educativo, especialmente aquellas que no tienen estudios o solo estudios primarios. Las madres/padres sin estudios o solo con estudios en educación primaria están claramente infrarrepresentados. Así, encontramos un 14,4% de las madres y un 17,3% de los padres de la UGR. En el caso de la UCM es aún más evidente (11,1% y 12,8%).
En el caso del grupo de madres/padres con estudios de Formación Profesional (18%), pensamos que podría estar influyendo de manera significativa en la elección de itinerarios formativos no universitarios por parte de los jóvenes, favoreciendo la permanencia de opciones técnicas y profesionales con entrada más rápida al mercado laboral.
El nivel de estudios de secundaria muestra un descenso acusado entre las madres/padres del estudiantado universitario respecto a la población general de su misma generación. Mientras que en España casi la mitad de los adultos de 48-62 años alcanzaron solo estudios secundarios, entre los progenitores de estudiantes de la UCM y UGR esta cifra se reduce prácticamente a la mitad. Lo que nos estaría indicando la existencia de una combinación de movilidad social ascendente, ampliación de aspiraciones educativas y democratización parcial del acceso a la educación superior. Este porcentaje revela que el nivel de secundaria actúa como un espacio social intermedio donde coexisten estrategias de mejora social y mecanismos de reproducción, de modo que mientras una parte logra romper la barrera del nivel educativo de origen, la otra mitad permanece limitada por recursos culturales y económicos.
Por otro lado, podemos observar que la brecha de género es menor que en la población española general. En las universidades, las madres tienden a tener niveles de formación relativamente altos, lo que podría reflejar un cambio generacional en la educación femenina en contextos urbanos o de clase media.
Así pues, el estudiantado actual en la UCM y la UGR proviene en mayor medida de familias con un nivel educativo superior al promedio de su generación, lo que confirma la persistencia del capital cultural como factor clave en el acceso a la educación superior. Si bien hay avances en inclusión de sectores medios, el peso de las clases populares sigue siendo reducido, especialmente entre quienes no superaron la primaria. Las universidades siguen siendo espacios preferentemente ocupados por hijos/as de titulados/as, lo que plantea un desafío en términos de igualdad de oportunidades y movilidad social real.
|
Nivel educativo |
Españolas (48-62 años) |
Españoles (48-62 años) |
Madres UCM |
Padres UCM |
Madres UGR |
Padres UGR |
|
Doctorado |
1,0 |
1,0 |
6,8 |
6,0 |
7,7 |
7,4 |
|
E. superiores |
28,0 |
18,0 |
48,8 |
32,6 |
35,4 |
28,4 |
|
F. Profesional |
15,0 |
14,0 |
19,8 |
22,6 |
18,2 |
18,0 |
|
Secundaria |
46,0 |
46,0 |
21,5 |
26,1 |
23,5 |
25,5 |
|
Primaria |
14,0 |
19,0 |
9,2 |
9,8 |
10,9 |
12,2 |
|
Sin estudios |
3,0 |
3,0 |
1,9 |
3,0 |
3,5 |
5,1 |
Fuente: elaboración propia. PID 40, UCM.
4.1.3. Ocupación de los padres/madres
En el conjunto de España, la categoría ocupacional más frecuente es la de técnicos profesionales de apoyo (25,5%), seguida de técnicos y profesionales científicos e intelectuales (19,8%) y trabajadores de los servicios de restauración, personales, protección y vendedores (11,8%). El grupo de directores y gerentes representa el 11,2%, reflejando una proporción relativamente moderada de altos cargos en las familias.
En el contexto de la UCM se observa un perfil más polarizado. Aunque el grupo más representado también es el de técnicos profesionales de apoyo (20,4%), destaca el aumento notable de directores y gerentes (14,1%) y trabajadores de los servicios (21,7%). Este último dato sugiere una mayor presencia de familias con ingresos principales provenientes de ocupaciones del sector servicios, que puede reflejar la diversidad social del alumnado.
En la UGR se evidencia un perfil distinto. La categoría más destacada es la de empleados contables, administrativos y de oficina (16,8%), seguida muy de cerca por trabajadores de los servicios (16%) y técnicos y profesionales científicos e intelectuales (11,9%). Es especialmente llamativa la elevada presencia de trabajadores del sector agrícola, ganadero y pesquero (9,7%) y ocupaciones elementales (9,2%), lo que sugiere una mayor representación de estudiantes provenientes de entornos rurales o con menor cualificación profesional en sus hogares.
Asimismo, directores y gerentes apenas alcanzan el 9,6%, lo que refuerza la imagen de una composición social menos elitista respecto a la UCM.
En comparación con el conjunto de España, las dos universidades presentan perfiles diferenciados, en los que se perciben las huellas del territorio, el tejido laboral regional y las características del alumnado universitario.
|
Ocupación |
España |
UCM |
UGR |
|
1. Directores y gerentes |
11,2 |
14,1 |
9,6 |
|
2. Técnicos y profesionales científicos e intelectuales |
19,8 |
10,9 |
11,9 |
|
3. Técnicos profesionales de apoyo |
25,5 |
20,4 |
7,8 |
|
4. Empleados contables, administrativos y otros empleos de oficina |
9,7 |
10,6 |
16,8 |
|
5. Trabajadores de los servicios de restauración, personales, protección y vendedores |
11,8 |
21,7 |
16,0 |
|
6. Trabajadores cualificados del sector agrícola, ganadero y pesquero |
2,2 |
2,2 |
9,7 |
|
7. Artesanos y trabajadores cualificados de industrias manufactureras y la construcción |
5,8 |
7,3 |
9,2 |
|
8. Operadores de instalaciones y maquinaria y montadores |
2,1 |
3,0 |
5,5 |
|
9. Ocupaciones elementales |
4,6 |
4,3 |
9,2 |
|
10. Ocupaciones militares y policía |
1,7 |
5,4 |
4,0 |
Fuente: elaboración propia. PID 40, UCM. CIS Estudio 3427. Barómetro de noviembre 2023.
En segundo lugar, analizaremos qué percepción tiene el estudiantado de la UGR acerca de la desigualdad, su autoubicación de clase social y la manera en la que entienden la distribución de la riqueza en España.
4.2.1. Percepción acerca de la ubicación de la clase social
En este epígrafe se analiza la autopercepción de la posición social relativa según los niveles de renta familiar, interpretados desde una perspectiva de clases sociales. Para ello encontramos dos marcos de referencia: los tramos de ingresos anuales establecidos por la OCDE para definir las clases sociales y, por otro lado, los datos elaborados por el CIS (véase la tabla 4). El objetivo es identificar en qué clase se ubicarían los individuos en función de su renta, y para ello nos hemos decantado por la clasificación que nos proporciona el CIS para el análisis de la renta familiar del estudiantado universitario, ya que nos parece más adecuado situar la clase alta a partir del tramo de renta superior a los 60.000 euros.
|
Clase social |
Ingresos anuales OCDE en euros |
Ubicación CIS en euros |
|
Clase alta |
Más de 41.840 |
Más de 60.000 |
|
Clase media-alta |
31.380 a 41.840 |
47.001 a 60.000 |
|
Clase media-media |
20.920 a 31.380 |
32.001 a 47.000 |
|
Clase media-baja |
15.690 a 20.920 |
21.001 a 32.000 |
|
Clase trabajadora/obrera |
No la contempla |
13.001 a 21.000 |
|
Clase baja |
15.690 o menos |
13.000 o menos |
Fuente: elaboración propia a partir de OCDE (2023), Income Distribution Database y CIS Estudio 3427. Barómetro de noviembre 2023.
En la tabla 5 hemos comparado la autopercepción de clase social entre los estudiantes de las dos universidades y la población española en general. También se incluye una columna de datos reales sobre la estructura social, lo que permite contrastar percepciones subjetivas con datos objetivos. El objetivo es identificar desajustes entre clase real y la clase percibida, y analizar cómo los universitarios entienden su lugar en la jerarquía social. Hay que advertir que en el caso del estudiantado de la UGR no hemos incluido a la clase trabajadora en el cuestionario de autopercepción, ya que entendemos que situarla en el mismo estándar de clasificación con clase alta, media, baja, etc., puede confundir al entrevistado, puesto que en ese caso deberíamos incluir en la clasificación la clase capitalista o burguesa y la clase media definida por los mecanismos de exclusión sobre la adquisición de educación y competencias técnicas (Wright, 2018). Por lo tanto, la autopercepción de clase del estudiantado de la UGR cuyo tramo de ingreso se sitúa entre los 13.000 y los 21.000 euros (29,5%) estaría repartida entre la clase media-media, la clase media-baja y la clase baja. Por esto el porcentaje de la clase media-media y la clase media-baja autopercibidas por el estudiantado de la UGR (57,1% y 25,1%) es muy superior tanto a la percepción de la UCM (47,8% y 17,9%) como a la de España (44,6% y 13%).
|
Clase social |
España |
UCM |
UGR |
|||
|
Percibida |
Real |
Percibida |
Real |
Percibida |
Real |
|
|
Alta |
0,2 |
7,0 |
1,3 |
8,1 |
0,3 |
5,2 |
|
Media alta |
3,6 |
10,3 |
14,9 |
7,6 |
14,6 |
15,2 |
|
Media media |
44,6 |
18,2 |
47,8 |
52,3 |
57,1 |
17,5 |
|
Media baja |
13,0 |
21,7 |
17,9 |
15,8 |
25,1 |
23,2 |
|
Trabajadora/obrera |
11,8 |
24,3 |
17,1 |
8,5 |
* |
29,5 |
|
Baja |
16,2 |
14,4 |
1,0 |
7,7 |
2,6 |
9,4 |
Fuente: elaboración propia. PID 40, UCM. CIS Estudio 3427. Barómetro de noviembre 2023.
La tabla 5 muestra que la percepción de clase no coincide necesariamente con la posición objetiva, especialmente entre estudiantes universitarios. La autopercepción como «clase media» domina el imaginario colectivo, lo que puede estar alimentado por narrativas meritocráticas y por el deseo de distanciarse de categorías estigmatizadas como «obrera» o «baja». Además, el acceso a la universidad varía según el origen social, como ya hemos visto anteriormente, reflejando la persistencia de desigualdades estructurales en el propio sistema educativo.
En los tres contextos (España, UCM, UGR) hay una clara tendencia a la autoubicación en la clase media, especialmente en la categoría «media-media», sobre todo en la población española y en el estudiantado de la UGR. Este fenómeno puede explicarse por: a) el deseo de normalización y estabilidad social; muchas personas evitan identificarse como clases «bajas» o «trabajadoras» por el estigma y precariedad que se asocian con estas categorías; es lo que se conoce como «ilusión de clase media», que puede debilitar la conciencia sobre la desigualdad (Castillo, Miranda y Cabib, 2013). Tal ilusión no solo diluye los límites entre clases sociales, sino que contribuye a neutralizar la percepción de conflicto estructural. b) La construcción cultural de la clase media como sinónimo de éxito o progreso. Haddon y Wu (2021) sostienen que la experiencia subjetiva de clase se configura no solo a partir de condiciones materiales, sino también mediante narrativas culturales y simbólicas que amortiguan la percepción de distancia social. En este contexto, la autodefinición como «clase media» actúa como una forma de identidad aspiracional que ofrece estabilidad simbólica frente a la precariedad, especialmente entre jóvenes en transición hacia el mercado laboral. c) El efecto amortiguador de la educación: estar en la universidad puede generar una percepción optimista de movilidad ascendente, incluso cuando la clase social real no ha cambiado. A la luz de la teoría de la justificación del sistema (Jost, 2019), los individuos, incluso los pertenecientes a grupos subordinados, tienden a legitimar el statu quo y percibir el orden social existente como justo o inevitable.
La identificación con la clase media —aunque sea simbólicamente— contribuye así a sostener un sentido de normalidad y justicia distributiva, reduciendo la disonancia entre las aspiraciones de movilidad y las condiciones reales de desigualdad.
Si tomamos como base el estatus socioeconómico subjetivo (SSES), que, como vimos anteriormente, hace referencia a cómo los individuos perciben y valoran su posición relativa en la jerarquía social, más allá de los indicadores objetivos como el nivel de ingresos, nos estaría confirmando que la autopercepción de clase social no depende solo de los tramos reales de renta familiar, sino que posiblemente existan discursos sociales, culturales o simbólicos que tienden a «normalizar» la identificación con la clase media, como se observa en la tabla 6. La MacArthur Scale (Adler et al., 2000), por ejemplo, muestra que la pertenencia a la «clase media» puede estar desvinculada de los indicadores objetivos reales.
4.2.2. Distribución de la riqueza por quintiles
Es importante distinguir conceptualmente dos dimensiones distintas: ingresos y riqueza (patrimonio). La literatura señala que la desigualdad de riqueza es mucho más grande que la de ingresos en la mayoría de los países (Piketty, 2015). El «Income and wealth inequalities: Society at a Glance 2024» afirma que, en los países de la OCDE, el 10% más rico posee en promedio más del 50% de la riqueza de los hogares, frente a una cuota de ingresos mucho menor. A la hora de preguntar por cómo consideran la distribución de la riqueza en España (tabla 6), podemos observar un desconocimiento generalizado de la desigualdad real. La riqueza real en España está altamente concentrada: el quintil más rico (5) posee el 67,3% del total (el estudio de Conde y García (2025) le asigna un 21% de la riqueza al 1% de los hogares españoles), sin embargo, el estudiantado de la UCM cree que este grupo posee solo el 45,5%, y el de la UGR la estiman en un 39,9%. Esto muestra una fuerte distorsión de la desigualdad económica real en ambos contextos universitarios.
Además, al quintil más pobre (1), que en realidad solo posee el 0,5% de la riqueza, los estudiantes de la UCM le asignan un 6,1%, y los de la UGR un 9,8%. Esta diferencia refleja una visión distorsionada de la estructura económica, percibiendo una sociedad más equitativa de lo que realmente es.
Esta discrepancia entre la distribución real de la riqueza y la que el estudiantado percibe o considera ideal refleja un patrón ampliamente documentado por la literatura internacional sobre percepciones erróneas y preferencias redistributivas (Gimpelson y Treisman, 2018). Para Hauser y Norton (2017) no solo importa qué tan desigual es la sociedad en realidad, sino qué tan desigual creen que es la gente.
Los resultados de nuestro trabajo muestran que el estudiantado subestima la concentración real de la riqueza y sobrestiman la proporción que corresponde a los quintiles más bajos, lo que sugiere una representación social más igualitaria de la economía de la que existe en la realidad. Esta «brecha perceptiva» tiene implicaciones relevantes, ya que la investigación ha mostrado que el desconocimiento o la subestimación de la desigualdad tienden a disminuir el apoyo a políticas redistributivas y a fortalecer las narrativas individualistas en detrimento de una ciudadanía más crítica y consciente.
No obstante, el estudiantado propone una distribución de la riqueza significativamente más equitativa que la real. En la UCM, el quintil más rico tiene idealmente el 26,9%, y el quintil más pobre el 13,4%. En la UGR, se propone un modelo algo más igualitario: el quintil más rico tiene el 21,3%, y el más pobre, 16,2%, lo que sugiere que la desigualdad se percibe menos como una realidad estructural que como un problema moral o ético, y no deja de ser significativo que se continúe atribuyendo más riqueza al quintil más rico y menos al más pobre.
|
Distribución |
Real |
UCM Percibida |
UCM Ideal |
UGR Percibida |
UGR Ideal |
|
Quintil 1 |
0,5 |
6,1 |
13,4 |
9,8 |
16,2 |
|
Quintil 2 |
5,4 |
10,5 |
16,8 |
12,6 |
17,7 |
|
Quintil 3 |
10,0 |
15,6 |
20,0 |
17,4 |
23,5 |
|
Quintil 4 |
16,8 |
22,4 |
22,9 |
20,2 |
21,3 |
|
Quintil 5 |
67,3 |
45,5 |
26,9 |
39,9 |
21,3 |
Fuente: elaboración propia. PID 40, UCM.
4.2.3. Mayor/menor renta que yo
En la tabla 7 se presenta una base para el análisis sobre la percepción del estatus socioeconómico relativo o cómo las personas se comparan con los demás según su renta familiar. El análisis de la renta familiar, en relación con la percepción del estatus económico relativo, como ya hemos visto anteriormente, permite profundizar en uno de los ejes centrales de este estudio: el desajuste entre la posición socioeconómica objetiva y la forma en que el estudiantado interpreta su lugar en la estructura social. Como ya se ha señalado con anterioridad, las percepciones de desigualdad no se construyen únicamente a partir de las condiciones materiales, sino que están mediadas por procesos sociales, culturales y simbólicos que influyen en la autoubicación de clase.
En el grupo con rentas más bajas (≤ 13.000 euros), casi la mitad del estudiantado considera que una proporción mayoritaria de las familias se encuentra en mejor situación económica: un 40,7% estima que el 75% de las familias tiene más renta que la suya, frente a solo un 8,9% que cree que tres cuartas partes de los hogares están en peor situación. Esta percepción refleja una conciencia clara de desventaja económica, pero también una escasa comparación descendente, lo que sugiere que la desigualdad se asume como un rasgo estructural más que como una situación relativa susceptible de cambio.
En los tramos de renta media (13.001-32.000 euros), aunque aumenta la proporción de estudiantes que reconocen la existencia de hogares en peor situación, la comparación ascendente sigue siendo dominante. Por ejemplo, en el tramo de 21.001 a 32.000 euros, un 46,6% considera que al menos la mitad de las familias tiene más renta que la suya, frente a un 43,8% que sitúa a la mitad o más de los hogares en una posición inferior. Esta casi simetría no expresa equilibrio, sino ambivalencia de clase, característica de las clases medias contemporáneas.
Siguiendo a Bourdieu (1982), esta ambivalencia puede interpretarse como el resultado de una posición intermedia marcada por la acumulación de capital cultural —en este caso, el acceso a la universidad— que no se corresponde necesariamente con una seguridad económica equivalente. La comparación constante con quienes están «por encima» refleja tanto aspiraciones de movilidad ascendente como temor al descenso social, generando una percepción de vulnerabilidad que alimenta la identificación simbólica con la clase media, incluso cuando las condiciones materiales son frágiles.
En los hogares con rentas medias-altas y altas (≥ 47.001 euros), la tabla 7 muestra una mayor conciencia del privilegio económico, pero no una desaparición de la comparación ascendente. En el tramo de más de 60.000 euros, un 56 % del estudiantado considera que el 75% de las familias tiene menos renta que la suya, lo que indica una percepción relativamente ajustada a la posición objetiva. Sin embargo, todavía un 24% estima que al menos la mitad de los hogares se sitúa por encima, lo que sugiere que incluso los sectores más favorecidos construyen su estatus en relación con grupos aún más privilegiados. Este desplazamiento constante del grupo de referencia contribuye a difuminar la percepción del privilegio y a reforzar la idea de que la desigualdad es siempre externa y ajena.
Estos patrones empíricos adquieren pleno sentido cuando se analizan desde la teoría de la justificación del sistema. Tal como plantean Jost y Hunyady (2005) y Jost (2019), los individuos tienden a aceptar y legitimar el orden social existente como una forma de reducir la disonancia cognitiva. En este contexto, los datos de la tabla 7 sugieren que la comparación ascendente generalizada —incluso entre quienes ocupan posiciones relativamente ventajosas— actúa como un mecanismo simbólico que desplaza la percepción de desigualdad hacia «otros» niveles sociales, reduciendo la identificación con los grupos desfavorecidos y debilitando la conciencia de conflicto estructural.
En conjunto, podemos evidenciar que la renta familiar objetiva no se traduce linealmente en una percepción clara de posición de clase. La interacción entre SSES, las lógicas de capital descritas por Bourdieu y los mecanismos de legitimación del sistema producen una autoubicación social caracterizada por la inseguridad, la comparación ascendente y la persistente identificación con una genérica «clase media». Este entramado explicativo ayuda a comprender por qué, incluso en un contexto de desigualdad estructural, el estudiantado universitario tiende a reconocer la desigualdad sin transformarla en una lectura crítica de las jerarquías sociales ni en una mayor disposición al cuestionamiento del orden existente.
|
Renta familiar |
Superior a mí |
Inferior a mí |
|||||
|
25 |
50 |
75 |
25 |
50 |
75 |
||
|
13.000 o menos |
23,0 |
36,3 |
40,7 |
65,9 |
25,2 |
8,9 |
|
|
13.001 a 21.000 |
22,4 |
57,2 |
20,5 |
48,9 |
41,2 |
9,9 |
|
|
21.001 a 32.000 |
31,3 |
56,3 |
12,3 |
20,8 |
61,4 |
17,8 |
|
|
32.001 a 47.000 |
41,4 |
51,5 |
7,1 |
11,1 |
57,6 |
31,3 |
|
|
47.001 a 60.000 |
62,5 |
31,9 |
5,6 |
5,6 |
50,0 |
44,4 |
|
|
Más de 60.000 |
69,3 |
24,0 |
6,7 |
6,7 |
37,3 |
56,0 |
|
|
Total general |
34,2 |
50,5 |
15,3 |
29,2 |
49,1 |
21,7 |
|
Fuente: elaboración propia.
Cabría indicar que más allá de percepciones según el INE (2025), la AROPE (At Risk Of Poverty or social Exclusion) rondaba en España, en 2023, el 26,5% de la población, indicando que casi uno de cada cuatro hogares está en riesgo de pobreza o exclusión social, y en 2024 se situó en el 25,8%.
Los resultados obtenidos en este estudio permiten extraer una serie de conclusiones relevantes en relación con los objetivos propuestos.
En primer lugar, los datos de renta, estudios y ocupación de progenitores muestran que el alumnado de la UGR procede mayoritariamente de hogares con posiciones socioeconómicas algo mejores que la media española, especialmente en los estratos bajos, pero con menos presencia de rentas muy altas. Por otro lado, hemos encontrado un alto porcentaje de madres y padres con estudios superiores y una infrarrepresentación de familias con bajo nivel formativo, sobre todo aquellas que no han superado los estudios primarios, y, aunque algunas familias con niveles educativos de secundaria y FP hayan logrado romper, solo en parte, la barrera del nivel educativo de origen, se sigue evidenciando que el acceso universitario sigue siendo selectivo socialmente. Por tanto, los datos confirman la persistencia de barreras estructurales en el acceso a la educación superior y que las universidades siguen reproduciendo patrones de transmisión intergeneracional del capital educativo y cultural, lo que limita el alcance de su potencial democratizador.
En segundo lugar, se constata un claro desajuste entre la posición socioeconómica objetiva del estudiantado de la Universidad de Granada y su autopercepción de clase. A pesar de que una parte significativa del alumnado proviene de hogares con rentas bajas o medias-bajas, la mayoría se autoubica en una genérica «clase media», lo que sugiere la existencia de una «ilusión de clase media» alimentada por aspiraciones de movilidad ascendente y por la estigmatización de categorías sociales inferiores, lo que estaría influyendo en la autopercepción de los individuos, llevándolos a situarse en la clase media aunque sus condiciones materiales no lo justifiquen contribuyendo a la naturalización de la desigualdad y a la dificultad para reconocer y abordar las diferencias reales de poder y recursos en la sociedad.
Nuestros hallazgos de autoubicación mayoritaria en la «clase media» y de infravaloración de la concentración de riqueza se sostendrían, por un lado, en base al estatus socioeconómico subjetivo (SSES), que muestra que la autoubicación relativa —más que la renta objetiva— estructura actitudes políticas y evaluaciones de justicia distributiva, lo que ayuda a explicar la autosubjetivación en clase media observada en la muestra de la UGR. Por otro lado, la teoría de la legitimación del sistema (system justification) sugiere mecanismos motivacionales por los que individuos, incluso de clases bajas, racionalizan y normalizan desigualdades, reduciendo la presión ciudadana por políticas redistributivas.
A su vez, la evidencia comparada (ISSP, EVS, WVS) y estudios recientes que analizan sensibilidad por clase (Haddon y Wu, 2021) indican que la relación entre desigualdad objetiva, percepción y preferencias redistributivas es heterogénea y dependiente del posicionamiento de clase y del contexto informativo.
En tercer lugar, en cuanto a la percepción y modelo ideal de distribución de la riqueza, se observa un conocimiento limitado sobre la distribución de la misma, ya que el estudiantado subestima de forma clara la concentración real de la riqueza en los quintiles más altos y sobreestima los recursos disponibles para los grupos más desfavorecidos, construyendo una imagen de la sociedad mucho más igualitaria de lo que muestran los datos objetivos. Esta distorsión se combina, no obstante, con la expresión de un modelo distributivo ideal significativamente más igualitario, lo que indica la existencia de valores normativos orientados a la justicia social, aunque convivan con un escaso conocimiento de la desigualdad real.
En general podríamos concluir que la institución universitaria continúa operando bajo una lógica que favorece al alumnado con perfiles familiares que poseen trayectorias educativas consolidadas. Además, se puede observar un fenómeno que podemos describir como «centrismo subjetivo», donde la autopercepción de clase desdibuja las fronteras de la estratificación social real. Se evidencia la paradoja que, a pesar del desconocimiento empírico de la magnitud de la desigualdad económica, el alumnado universitario manifiesta una clara inclinación normativa hacia modelos de distribución de la riqueza más igualitarios.
Estos hallazgos subrayan la necesidad de reforzar el papel de la universidad como agente activo en la formación de una ciudadanía crítica y comprometida, así como incorporar de manera transversal el análisis de las desigualdades estructurales en los planes formativos, fomentar el pensamiento reflexivo y promover espacios de diálogo y acción transformadora desde la comunidad universitaria. Aspectos que pensamos son claves para construir instituciones más inclusivas, conscientes y equitativas, que intervengan sobre las barreras simbólicas que condicionan la experiencia universitaria del alumnado según su origen social.
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Wright, E. O. (2018 [2015]). Comprender las clases sociales. Madrid: Akal.
Doctor en Sociología y profesor del Departamento de Sociología de la Universidad de Granada. Pertenece al Grupo de Investigación SEJ 131 «Análisis de la Vida Social», siendo el eje transversal de su trabajo, que vincula su formación, actividad docente y actividad investigadora, la estructura social (desigualdad y exclusión social), por un lado, y el conflicto social (mediación) entre las diversas formas de interacción social, en sus vertientes individual y grupal, así como la gestión y resolución del conflicto mediante procedimientos pacíficos alternativos, tales como la mediación en diferentes ámbitos: educativo, familiar e intercultural, por otro lado.
Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Murcia. Desde 2010 hasta 2020 ha sido profesora de Sociología de la Universidad de Murcia y actualmente es profesora en la Universidad de Granada. Sus líneas de trabajo se han centrado en temas relacionados con agua, sostenibilidad, género y comunicación. Desde 2003 ha colaborado en distintos proyectos de investigación tanto en España como en México. Forma parte del grupo de investigación RETYDES sobre Desigualdad Social de la Universidad de Murcia, y actualmente está adscrita al grupo: HUM-952: Red de Estudios sobre Sostenibilidad, Patrimonio/Participación/Paisaje y Territorio (STAND) de la Universidad de Granada.
Profesor titular en la Universidad de Granada y doctor en Sociología. Su labor docente se centra en las asignaturas «Métodos y Técnicas de Investigación Social» y «Teoría Sociológica». Sus principales líneas de investigación están vinculadas al ámbito de la educación y del turismo, participando en numerosos proyectos nacionales e internacionales, con una producción científica de más de medio centenar de publicaciones. A nivel profesional, ha realizado tareas de investigación y consultoría relacionadas con la educación y el turismo para diferentes empresas y para la Fundación Instituto Euroárabe de Educación y Formación.