Revista CENTRA de Ciencias Sociales
| Enero-junio 2026 | vol. 5 | núm. 1 | pp. 31-52
ISSN: 2951-6641 (papel) 2951-8156 (en línea)
Artículos/Articles
https://doi.org/10.54790/rccs.110
Jon Sedano Collantes
Universidad de Granada, España
Recibido/Received: 17-9-2024 ![]()
Aceptado/Accepted: 6-6-2025
Este artículo explora los discursos de los jóvenes vascos en torno a la construcción de sus trayectorias vitales en un contexto marcado por la incertidumbre y el rechazo al trabajo tradicional. A través de una metodología cualitativa basada en entrevistas en profundidad se analizan las percepciones y estrategias que estos jóvenes desarrollan para afrontar la precariedad laboral y la falta de oportunidades. Los resultados revelan una diversidad de enfoques y actitudes hacia el empleo, destacando la importancia de la educación, la formación continua y las redes de apoyo social. El estudio contribuye a la comprensión de cómo la juventud vasca navega en un mercado laboral cambiante y los desafíos que enfrentan para construir una vida estable e íntegra.
palabras clave: precariedad juvenil; incertidumbre; trayectorias vitales; análisis de discurso; sociología del trabajo; rechazo del trabajo.
cómo citar: Sedano Collantes, J. (2026). Entre el rechazo del trabajo y la incertidumbre. Aproximación a los discursos acerca de la construcción de trayectorias vitales de las personas jóvenes en Euskadi. Revista Centra de Ciencias Sociales, 5(1), 31-52. https://doi.org/10.54790/rccs.110
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This article explores the discourses of Basque youth regarding the construction of their life paths in a context marked by uncertainty and rejection of traditional work. Through a qualitative methodology based on in-depth interviews, the perceptions and strategies that these young people develop to face job insecurity and lack of opportunities are analyzed. The results reveal a diversity of approaches and attitudes towards employment, highlighting the importance of education, continuous training, and social support networks. The study contributes to understanding how Basque youth navigate a changing labor market and the challenges they face in building a stable and satisfying life.
keywords: youth precariety; uncertainty; life path; discourse analysis; sociology of work; rejection of work.
Este artículo reflexiona sobre la resistencia al trabajo y la búsqueda de estabilidad por parte de las personas jóvenes en la sociedad contemporánea. La generación de jóvenes actual parece encontrarse a medio camino entre un futuro borroso y lejano, y un pasado que no termina de encajar con la idea de vida actual, como si estuviesen esperando una guía o indicaciones que nunca terminan de llegar. ¿O es que cada vez se necesita más para poder lograr una estabilidad? ¿Qué obstáculos se encuentran en la búsqueda de esa estabilidad? ¿Qué alternativas y trayectorias desarrollan ante la inestabilidad y la incertidumbre del futuro personal y colectivo?
La omnipresencia de la precariedad laboral se presenta como un desafío a las concepciones tradicionales de empleo estable, afectando significativamente la formación de proyectos y trayectorias de vida de las personas jóvenes. Lejos de llevar a cabo una trayectoria laboral y vital lineal y cohesionada, las personas jóvenes construyen sus vidas entre obstáculos, incertidumbre y culpabilidad.
El impulso y desarrollo del neoliberalismo ha transformado de manera evidente el mundo del empleo y la concepción del trabajo. El empleo, que ya no es un factor que tiende a asegurar cierta estabilidad tanto material como simbólica, precariza la vida en todos sus ámbitos. El crecimiento y las formas de vida de las personas jóvenes se ven sometidas a la incertidumbre, la inmediatez y las apetencias de una organización social y económica que ha conseguido colonizar todos los aspectos de nuestra vida: la forma en la que nos relacionamos con el mercado de trabajo, con los recursos, con las instituciones, con nuestras personas cercanas e, incluso, con nosotros mismos. El desempleo, la temporalidad y la sobrecualificación se presentan ante las personas jóvenes como fenómenos naturales, viéndose sin otra opción que intentar amoldarse a la situación precaria para poder prosperar.
La evolución de las dinámicas laborales y las condiciones de empleo ha llevado a la precariedad a convertirse en un tema central en la vida de las personas jóvenes en la sociedad contemporánea. Este fenómeno, junto con las transformaciones en las expectativas y necesidades vitales de esta generación, plantea desafíos significativos y merece una atención detenida.
La investigación nace de la necesidad de comprender a fondo cómo la precariedad laboral influye en las experiencias y perspectivas de las personas jóvenes en Euskadi. El problema central que esta investigación se propone abordar es la adaptación de los proyectos y trayectorias vitales de las personas jóvenes a un contexto laboral marcado por la precariedad. De esta manera, se pone en debate la centralidad del empleo como garante del desarrollo individual y social.
Se propone abordar la adaptación de los proyectos y trayectorias vitales a un contexto laboral marcado por la precariedad. Para ello, se ha adoptado un enfoque metodológico cualitativo, realizando entrevistas en profundidad para capturar las experiencias y perspectivas individuales de los discursos de las personas jóvenes.
El estudio sociológico de la juventud en situación de precariedad resulta fundamental debido a los cambios sociales, políticos y económicos que enfrentan, así como al papel del Estado del bienestar en contextos de austeridad (Ibáñez, Fernández y Alonso, 2017). Según el estudio Juventud, emancipación y necesidad de vivienda en Euskadi, realizado por el Observatorio Vasco de la Juventud (2021), ha conseguido emanciparse el 35% de las personas jóvenes de entre 18 y 34 años. Además, el mismo estudio realizado dos años más tarde, en 2023, revela que cada vez resulta más complicada la consecución de una vivienda: solo el 31% de las personas de entre 18 y 34 años se encontraban emancipadas.
Por otra parte, según el estudio La juventud de Euskadi en el mercado de trabajo. Análisis del Censo del Mercado de Trabajo de 2021, realizado por la misma entidad, más de la mitad de la juventud ocupada tiene un contrato temporal (Observatorio Vasco de la Juventud, 2021), mientras que la mayoría de la juventud desempleada tiene experiencia laboral previa, pero son minoría quienes cobran algún tipo de prestación económica (Observatorio Vasco de la Juventud, 2021).
Sin embargo, definir la juventud es complejo. Ballesté y Feixa (2019) destacan su heterogeneidad e interseccionalidad, mientras que Bourdieu (1990) resalta la importancia de considerarla una construcción social. Villa (2012) propone hablar de «las juventudes» para reflejar que por juventud entendemos un colectivo formado por individuos heterogéneos que comparten condiciones sociales y de vida y que, además, están atravesados por diferentes formas de dominación y poder.
La transición a la vida adulta en generaciones anteriores seguía un patrón más lineal, centrado en la independencia económica y residencial, la inserción laboral y la formación de una familia nuclear. Sin embargo, en la actualidad, las trayectorias de vida de los jóvenes son más difusas, interrumpidas y menos definidas, alejándose de las pautas tradicionales (Casal, Merino y García, 2011).
Las perspectivas sobre las transiciones juveniles y la formación de la vida adulta difieren en enfoque. Algunas resaltan la subjetividad y las elecciones individuales de los jóvenes como sujetos activos en la toma de decisiones sobre su futuro y emancipación (Moreno, López y Sánchez, 2012). Otras, en cambio, cuestionan la existencia de múltiples oportunidades para los jóvenes, señalando obstáculos sociales y laborales difíciles de superar.
Las personas jóvenes enfrentan dificultades y cambios de decisiones en sus trayectorias hacia la independencia económica y residencial, y a menudo hay discrepancias entre las transiciones socialmente esperadas y la percepción propia de los jóvenes sobre su transición a la vida adulta. Factores estructurales como el contexto social y económico, el género, la edad, la formación y la etnia influyen en estos procesos de emancipación y en las trayectorias de vida de los jóvenes (Moreno et al., 2012). Un análisis histórico y social de la transformación del trabajo en el contexto del capitalismo es esencial para comprender estas perspectivas y decisiones en este ámbito.
Con el objetivo de describir esta situación de precariedad, Guy Standing (2014) acuña el concepto de “precariado” para designar a la nueva clase social caracterizada por la falta de ingresos fijos, la ausencia de una identidad profesional y la carencia de una comunidad laboral solidaria. Sin embargo, debe considerarse como un concepto totalizador que puede resultar débil para explicar las «profundas diferencias que existen entre los trabajadores precarios y que tienen que ver con desigualdades estructurales relacionadas con su origen familiar, su capital económico, cultural o simbólico y su papel en el proceso productivo» (Gil y Rendueles, 2019, p. 31).
Por ello, con el ánimo de evitar invisibilizar los procesos de lucha de clases en el capitalismo avanzado, reivindicamos una observación de la evolución del conflicto laboral capitalista. En el contexto del capitalismo postfordista se observa un proceso de precarización marcado por el empeoramiento de las condiciones laborales y una creciente incertidumbre institucional. Autores como Giddens (2008) y Bauman (2017) señalan un aumento en la inseguridad laboral y los bajos salarios entre las personas jóvenes, cuyas formas de vida se ven influenciadas por factores económicos, políticos y culturales.
Se entiende la precariedad como una carencia o déficit, observada en ámbitos más allá del laboral, siendo fundamental considerar la multiplicidad de factores que contribuyen a la vida precaria de los jóvenes, incluidos aspectos económicos, laborales y sociales (Gil y Rendueles, 2019).
El estudio sociológico de la población joven de 18 a 29 años, por tanto, es crucial, ya que representan una proporción significativa de la sociedad. En España, por ejemplo, el Instituto de la Juventud (INJUVE) considera a los jóvenes dentro de este rango de edad y organiza sus programas y políticas de empleo, formación y participación social basados en esta franja. Las políticas de juventud se implementan principalmente para este grupo de edad, ya que es un período crucial para el acceso a empleos estables, la formación continua y la integración en la sociedad (INJUVE, 2020).
Sin embargo, se reconoce la diversidad en la juventud, comprendiendo que las situaciones y formas de vida varían según el espacio y la historicidad que habitan. Por lo tanto, este trabajo se centrará en las situaciones laborales y económicas de los jóvenes de estas edades, reconociendo su multiplicidad y diversidad (Taguenca, 2009).
El trabajo es una relación social fundamental que ha desempeñado un papel central en la cohesión e integración de las sociedades. Sin embargo, su concepción como actividad social es históricamente específica: Hegel (2017) lo define como la forma específicamente humana de relacionarse con la naturaleza. El trabajo remunerado, o el empleo, no es una esfera más de la vida cotidiana desligada de normas sociales, políticas y económicas, sino que «no se puede entender más que como relación transformadora de la naturaleza en un proceso de interacción con otros de nuestra misma especie para llevar a cabo esa transformación» (Martínez, García y Prior, 2016, p. 264).
Weber (1901, 1969) analiza la relación entre ética religiosa y capitalismo, señalando cómo el trabajo puede experimentarse como deber moral o simple coacción económica. Marx (1978), en cambio, enfatiza el carácter alienante del trabajo en el capitalismo, donde las relaciones entre personas se convierten en relaciones entre cosas. Foucault (2002) amplía este análisis al examinar en Vigilar y castigar el poder disciplinario como base del orden social moderno, que usa dispositivos de control como el panóptico para establecer disciplina y la normalización de las conductas.
A pesar de que en los últimos años las teorías sociológicas de las relaciones laborales han ido integrando múltiples elementos analíticos y puntos de vista, existen autores que centran mayormente su análisis en elementos concretos como la elección racional, la actuación individual, la estructura del mercado de trabajo y las instituciones. Además, las relaciones laborales también se ven afectadas por factores como el género, la etnia y la clase social: la socióloga Joan Acker (2000) examina cómo las jerarquías de género se reproducen y se reflejan en las relaciones laborales y en las estructuras organizativas.
En la actualidad, tanto desde las instituciones como desde la ciencia social, se observan y analizan múltiples factores que atraviesan la realidad social y conforman los procesos de socialización de los individuos. La «sociedad red» descrita por Castells (1999), en el marco del capitalismo de la información, destaca la influencia de medios y redes sociales en la vida de las personas jóvenes, pero el trabajo remunerado sigue siendo central, generando precariedad y afectando a aspectos como el acceso al ocio o la seguridad económica.
Otra cuestión a tener en cuenta a la hora de analizar el empleo actual como hecho y estructura social es la ética del trabajo. Según Bauman (2017), el concepto de ética del trabajo se fundamenta en la idea de que trabajar es un valor intrínseco y moralmente superior, mientras que la inactividad es vista como algo negativo. Esta concepción fue clave en el proceso civilizador y en la estructuración de la sociedad moderna, imponiendo el trabajo como el eje central de la identidad y la vida de las personas. La falta de empleo, en este marco, implicaba exclusión social y la ausencia de supervisión y control.
Hoy, en cambio, esta ética del trabajo ha sufrido una importante transformación. Para Bauman (ibid.), en las sociedades de consumo, el valor ético de la ética del trabajo ha sido sustituido por la estética del consumo, que ha pasado a gobernar las dinámicas sociales. La preferencia por la elección individual en el mercado ha minado el apoyo a políticas de bienestar, mientras que la reducción de la calidad de los servicios públicos refuerza su desprestigio: «el consumismo y el Estado benefactor son por lo tanto incompatibles» (ibid., p. 92).
A pesar de estas transformaciones, la ética del trabajo sigue siendo dominante: el empleo se exalta como fuente de estabilidad y carácter, mientras que los desempleados son estigmatizados (Frayne, 2017). La sociedad sigue vinculando el empleo con madurez y compromiso social, ignorando otras formas de contribución (ibid.) y tratando la pobreza y la desigualdad como problemas individuales en vez de estructurales.
El género, sin duda, también es clave en la configuración de las relaciones laborales, interactuando con el capitalismo en la reproducción de desigualdades. Autoras como Zetkin (1976), Kollontai (2011), Millet (2017) y Fraser (2015) han señalado la subordinación de las mujeres dentro del sistema laboral. Esto deriva en que la segregación en los mercados laborales, el control tecnológico y la diferenciación entre trabajo mercantil y doméstico son formas de organización patriarcal en las relaciones laborales capitalistas (Hartmann, 1994). También autoras como Butler (2007) y Gómez Bueno (2001) cuestionan la relación trabajo-empleo desde una perspectiva interseccional, proponiendo un enfoque basado en «capacidades» para repensar la economía del desarrollo.
La sociología del trabajo debe analizar la relación entre subjetividad y empleo para comprender las transformaciones en las relaciones laborales. Siguiendo a Casal et al. (2011), el actor social se concibe como protagonista de su vida, articulando racionalidad, emociones, restricciones sociales y estrategias de futuro. En este sentido, las subjetividades se conforman en relación con la evolución de la estructura social.
La flexibilidad en la producción y su impacto en los trabajadores, planteado por Dubet (1999), sigue siendo relevante, pues el trabajo ha desempeñado un papel clave en la construcción de identidades individuales y colectivas. Alonso (2000) critica la destrucción del empleo fordista y el debilitamiento de la seguridad laboral debido a discursos neoliberales que fomentan la competitividad y la flexibilidad. La precariedad laboral, especialmente en los jóvenes, genera inestabilidad y altera su lugar en la sociedad (Castells, 1999).
Lazzarato y Negri (2001) introducen el concepto de trabajo inmaterial, que no solo produce bienes, sino que también moldea relaciones sociales en producción, innovación y consumo. Este proceso se vincula con el biopoder, descrito por Foucault (2002), que regula cuerpos y poblaciones en beneficio del capital. No obstante, en este contexto se da la transición de sociedades disciplinarias a sociedades de control (Deleuze, 1993), donde la comunicación instantánea y el consumo reemplazan las formas tradicionales de disciplina. Las dinámicas de la sociedad del consumo desintegran la cohesión social (Bauman, 2017), sustituyendo los mecanismos de control disciplinario de Foucault (2002) por los de la lógica del consumo.
La sociedad de control ha fragmentado a los individuos, dejándolos vulnerables ante el capitalismo flexible (Boltanski y Chiapello, 2002). La psicopolítica neoliberal fomenta la autoexplotación y el rendimiento constante (Han, 2014), sustituyendo la coerción por la motivación, con una dimensión moral que legitima el sistema (Boltanski y Chiapello, 2002). El capitalismo, en lugar de reducir el trabajo con el aumento de la productividad, reabsorbe cualquier posible tiempo libre mediante la expansión del mercado y la mercantilización de nuevas esferas de la vida (Frayne, 2017, p. 80). Por ello, la tecnología intensifica el control sobre los trabajadores en lugar de ampliar su autonomía (Frayne, 2017). Mientras, el trabajo invade la vida privada mediante dispositivos conectados, desdibujando los límites entre tiempo laboral y ocio (Adorno, 2008) y generando nuevas formas de explotación y reproducción de subjetividades (Browne, 2007).
Por tanto, la suma de los resquicios de la ética del trabajo fundamentada en la sociedad moderna y la nueva psicopolítica (Han, 2014) de las sociedades de consumo podría ser la principal fuerza constitutiva de las identidades y subjetividades de las personas jóvenes. Sin embargo, esto no busca subestimar el papel de la acción social y la creación de espacios liberados de dominación, como advierte Pagura (2008). Más bien, se busca reivindicar el análisis estructural y el papel de la organización del sistema productivo en la conformación de las subjetividades y acciones de las personas jóvenes en un contexto social en el que estas interpretaciones parecen escasas.
David Frayne (2017), en su investigación acerca del rechazo al trabajo, entrevista a varias personas en Reino Unido que han decidido de forma voluntaria quitar protagonismo al empleo remunerado en sus vidas, ya sea reduciendo su jornada laboral o interrumpiendo el empleo temporalmente. Parte de la premisa de que la investigación sociológica «podría haber reforzado inadvertidamente la ética del trabajo, en la medida en la que los investigadores han tratado el trabajo de manera incuestionable» (ibid., p. 99), sin tener en cuenta que si se desarrollaran redes sociales autónomas y formas de producción gestionadas de manera comunitaria, la dependencia del empleo disminuiría.
Los relatos y la observación de Frayne (2017) muestran el punto de ruptura o desreificación —concepto originalmente usado por Marx, pero adaptado por Berger, Luckmann y Zuleta (1968) en La construcción social de la realidad— para designar el proceso en el que se supera el olvido de la verdad fundamental de que los humanos son los productores del mundo social. Es decir, las personas entrevistadas hacen visible el punto en el que el trabajo asalariado deja de considerarse un destino omnipotente y es sometido, por el contrario, a análisis críticos.
Lo que las personas contaban sobre sus empleos muestra que el deseo de resistencia puede estar alimentado por la falta de significado y autonomía en el trabajo. Roles sociales funcionales tales como un empleo remunerado nunca pueden encajar como una perfecta carcasa en las personas complejas y completas obligadas a habitar en ellos. Siempre hay una parte del yo que excede el rol social y quiere liberarse (Frayne, 2017, p. 128).
El objetivo general de la investigación es analizar los procesos de adaptación de los proyectos y trayectorias vitales de los/as jóvenes a los contextos de precariedad en la sociedad vasca actual. Estos procesos de adaptación y trayectorias se analizan desde dos perspectivas interrelacionadas. Por un lado, desde la estructura del mercado de trabajo y de la estructura social occidental, y por otro, desde la subjetividad del individuo en constante interacción con la estructura social y otros sujetos.
Para ello, se han diseñado cuatro objetivos específicos que atienden al análisis multicausal de los procesos de adaptación de las personas jóvenes. El primero trata de explorar las expectativas personales de futuro de las personas jóvenes, abordando todos los ámbitos posibles, como el laboral, el económico y el relacional. El segundo objetivo específico se centra en analizar los factores en los que se manifiesta la precariedad en las personas jóvenes, entendiendo la precariedad como fenómeno compuesto por unos indicadores compartidos. El tercero trata de analizar los cambios de las necesidades vitales de las personas jóvenes, entendiendo por «vitales» las expectativas, los propósitos y las críticas a sus propias trayectorias. Y, por último, el cuarto objetivo específico es explorar el papel actual del empleo en la vida de las personas jóvenes, analizando su relación con el mercado de trabajo.
El análisis se ha realizado desde la subjetividad del individuo en constante interacción con la estructura social y otros sujetos. Es por esta razón que el análisis final se compone de los resultados obtenidos a partir de la técnica cualitativa del análisis del discurso. Se han llevado a cabo un total de 6 entrevistas con personas jóvenes comprendidas entre los 16 y los 29 años, seleccionadas a través de un muestreo no probabilístico por bola de nieve o por redes. A través de esta técnica de muestreo se minimizan los posibles sesgos y se amplía la variedad de perfiles.
En la investigación cualitativa, el tamaño de la muestra no se define por criterios estadísticos, sino por la profundidad y riqueza de los datos obtenidos (González, Pérez y Rodríguez, 2015). En este estudio, el objetivo no era la generalización numérica, sino la exploración detallada de los discursos de los jóvenes vascos sobre la incertidumbre y el rechazo al trabajo. Estudios previos han mostrado que un número reducido de entrevistas puede ser suficiente cuando el análisis se centra en significados compartidos y experiencias situadas (Charmaz, 2006). Además, la selección intencional de participantes permitió acceder a una diversidad discursiva dentro del fenómeno estudiado. Aunque la muestra es pequeña, los datos obtenidos alcanzaron un nivel de saturación temática, es decir, se identificaron patrones recurrentes sin que nuevas entrevistas aportaran información significativamente novedosa (Corbin y Strauss, 2015).
Se han buscado relaciones, convergencias y divergencias entre los relatos individuales con el objetivo de comprender los procesos de adaptación de los jóvenes a los contextos de precariedad y las transformaciones en sus proyectos y trayectorias vitales. Se tratan casos únicamente de residentes en Euskadi con el objetivo de tener una lectura más detallada de la conformación de las trayectorias vitales en el contexto vasco.
El perfil de las personas entrevistadas se representa en la tabla 1.
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Entrevista |
Edad |
Estudia |
Trabaja |
Emancipado/a |
Género |
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E1 |
23 |
No |
No |
No |
Hombre |
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E2 |
24 |
No |
Sí |
Sí |
Mujer |
|
E3 |
24 |
Sí |
Sí |
Sí |
Mujer |
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E4 |
17 |
Sí |
No |
No |
Mujer |
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E5 |
29 |
No |
Sí |
Sí |
Hombre |
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E6 |
24 |
No |
Sí |
No |
Hombre |
Estas entrevistas han permitido capturar la perspectiva individual y las experiencias vividas de los jóvenes en relación con sus proyectos de vida, sus expectativas de futuro, los obstáculos y desafíos que enfrentan, así como su percepción de la precariedad y el papel del empleo en sus vidas. Se ha utilizado un enfoque hermenéutico y se han identificado categorías y temas emergentes a partir del discurso de los participantes. Se han buscado patrones, contrastes y divergencias en las experiencias y percepciones de las personas jóvenes entrevistadas.
Se ha realizado una codificación manual e inductiva basada en la lectura y relectura de las transcripciones. Para ello, se ha aplicado un enfoque interpretativo con una estrategia de codificación inductiva, basada en la aproximación hermenéutica inspirada en la teoría fundamentada. Se ha seguido el procedimiento del análisis temático de Braun y Clarke (2006) con el objetivo de identificar, analizar e interpretar patrones dentro de datos cualitativos mediante un método flexible y de explorar significados dentro del discurso.
Entre las ventajas del análisis manual destaca la capacidad de permitir una lectura profunda y reflexiva del material, lo que favorece una interpretación contextualizada de los discursos (Mieles, Tonon y Alvarado, 2012). Al no depender de software, el investigador mantiene un contacto directo con los datos, lo que facilita la identificación de matices y significados emergentes (Charmaz, 2006). Además, la codificación manual permite ajustes dinámicos en el proceso analítico, adaptando las categorías a la evolución del estudio, como ha sido documentado en investigaciones etnográficas (Corbin y Strauss, 2015).
De esta manera, se han establecido categorías acorde a los elementos discursivos relevantes para los objetivos de la investigación (véase la tabla 2).
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Elementos discursivos |
E1 |
E2 |
E3 |
E4 |
E5 |
E6 |
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Ha trabajado temporalmente |
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Menciona la «autopresión» como elemento principal |
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Añora apoyo y orientación en el proceso de inserción laboral |
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La incertidumbre condiciona su trayectoria vital |
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Tiene como objetivo seguir formándose, aunque de manera no definida |
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Expresan rechazo a un «estancamiento» |
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No ven su trayectoria vital reflejada en la de sus progenitores |
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No perciben un margen de mejora de las condiciones de las personas jóvenes |
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En la actualidad, las personas jóvenes se enfrentan a la falta de una guía clara para transitar hacia la vida adulta, lo que resulta en cambios frecuentes de decisiones debido a intentos fallidos y pruebas en su búsqueda de independencia residencial y económica.
El análisis del discurso de las entrevistas personales realizadas a personas de entre 16 y 29 años ha resultado clarificador en múltiples cuestiones y nos ha aproximado a la exploración de ciertas tendencias. Los procesos de las trayectorias vitales de las personas entrevistadas, en los ámbitos laboral, económico y relacional, mantienen diferencias entre sí a la hora de relatarse. Sin embargo, se pueden establecer ciertos pilares básicos comunes en todos o la mayor parte de los discursos, que son constantes a lo largo de las entrevistas.
El guion de las entrevistas tiene una tendencia cronológica, empezando por tratar el período de escolarización y la relación con las familias, para después pasar por la etapa en la que se comienzan a tomar (o se esperan) decisiones acerca de la trayectoria laboral de los estudiantes. También se han tratado de analizar los elementos discursivos de aquellas personas que han tenido contacto con el mundo laboral y las percepciones acerca de personas cercanas de su entorno. Se pone especial atención en las condiciones materiales y laborales del trabajo y en las visiones que estas provocan en la formación de marcos mentales acerca del trabajo y del empleo. Para acabar, de manera fundamental, se ha tratado de ahondar en las perspectivas de futuro que conciben estas personas y cómo tienden a adaptarlas a su contexto actual.
Como bien ya hemos expresado, las transiciones a la vida adulta de las personas jóvenes no pueden ser consideradas lineales y basadas en los elementos de integración de las generaciones anteriores, como la inserción laboral, la independencia residencial y la unión conyugal. La forma en que los jóvenes transitan e ingresan al mercado laboral puede ser variada y está relacionada con su trayectoria educativa (Casal et al., 2006). Estas transiciones pueden ser simples o complejas, dependiendo del itinerario y nivel de formación de cada individuo. Algunas personas jóvenes pueden tener una inserción laboral rápida y sencilla, lo que generalmente se asocia con niveles educativos bajos o el abandono prematuro de la escuela. Por otro lado, otras personas jóvenes pueden experimentar una transición más compleja, con etapas sucesivas y la necesidad de desarrollar estrategias específicas.
En este caso, las estrategias adoptadas dependerán de la especialidad profesional, los requerimientos laborales, las oportunidades disponibles y el apoyo familiar durante el periodo de estudio. Factores como el nivel educativo, el capital social y el capital cultural también influyen en estas transiciones, ya que algunas personas pueden tener una mayor facilidad para adaptarse al mercado laboral en comparación con aquellas con menos educación y recursos sociales (Artiles et al., 2018). En la figura 1 representamos el mapa conceptual de los temas y tópicos analizados en los discursos de las trayectorias vitales de las personas entrevistadas.

La crítica principal hacia la educación se centra en la falta de preparación para la vida laboral, incluida la falta de conocimiento sobre cuestiones burocráticas y derechos laborales. Aunque se menciona una preparación para la flexibilidad en la vida, no se percibe una preparación técnica para el trabajo.
A nivel laboral, falta mucha información en cuanto a los temas más prácticos de los tipos de contrato, las condiciones, los convenios, el sindicato… (E2).
También es importante la desconexión entre el sistema educativo y el mercado laboral, destacando la rigidez en la elección de trayectorias educativas. Durante el proceso de la inserción laboral se denuncian hechos como que las prácticas curriculares son desfavorables para los estudiantes y beneficiosas para las empresas.
Pienso que tienen que ser enseñanzas mucho más prácticas que deberían garantizarnos también prácticas a todos los alumnos con un sueldo mínimo porque las prácticas que hemos hecho han sido a cambio de nada, ni las gracias. Y pienso que deberíamos tener un poquito más de contacto con la vida real, porque luego es muy complicado ser fuerte mentalmente cuando sales de esa situación que ya estás desamparado (E3).
Para muchos jóvenes universitarios, la educación superior generó expectativas de autonomía y empleo significativo que luego fueron frustradas al enfrentarse al mercado laboral. Esto condujo a un punto de ruptura, donde reajustaron sus ambiciones fuera del mundo del trabajo (Frayne, 2017, p. 132).
A lo largo de la historia, el trabajo ha desempeñado un papel fundamental en la socialización, alcanzando su punto máximo durante la Revolución industrial. Aunque no se considera que el trabajo esté llegando a su fin, las personas jóvenes están empezando a percibirlo cada vez menos como un mecanismo de integración debido a la flexibilización laboral y la explotación constante del trabajo.
Una vez que las personas jóvenes obtienen empleo, experimentan un sentimiento de engaño y choque, ya que no se sienten preparadas para las realidades del mundo laboral. La temporalidad y la incertidumbre en el empleo son temas recurrentes en sus discursos, lo que las obliga a lidiar con trabajos temporales y flexibles.
He estado casi siempre trabajando en trabajos temporales, con jornadas bajas para que pudiese compaginarlos con la universidad y bueno, tirando más o menos de ahí. [...] A mí, si algo me pesa, es que me falle el curro y tener que volverme a mi casa. Yo llevo 6 años viviendo sola y si mañana se me acaba el contrato no sé qué hacer, o sea… (E3).
La subsunción de la vida al capital (Marx, 2008), según la teoría marxiana, se hace evidente, ya que la producción se extiende más allá del lugar de trabajo y afecta a todo el tiempo de vida de las personas jóvenes. Esto genera que «el estilo de vida de los consumidores es cada vez más inalcanzable para los sectores de bajos ingresos, históricamente definidos por una capacidad fija de compra que les permite asegurar su subsistencia o cubrir sus necesidades básicas» (Bauman, 2017).
Como ya hemos visto, la emancipación y la independencia residencial son cada vez más costosas para las personas jóvenes en Euskadi, lo que genera desesperación y mayor incertidumbre. El alquiler compartido se ha convertido en la principal opción, pero incluso aquellos que logran emanciparse enfrentan situaciones precarias en relación con la vivienda.
Ahora tengo un trabajo por un año y tengo un sueldo decente que me permite, pues bueno, estoy independizada de mis padres. [...] He pedido una ayuda al alquiler joven y ya me da un poco para más. [...] También he vivido un año en Madrid y era pues desesperante, o sea de literalmente llorar a las noches diciendo: «solo he visto zulos y todos sobrepasan mi presupuesto», ¿sabes? [...] No había ni un sitio con ventanas por 400 euros y era muy desesperante (E3).
El discurso generalizado señala la dificultad para obtener empleos con condiciones favorables y, una vez obtenidos, la precariedad en las dinámicas laborales, especialmente en los horarios y la presión de trabajo, dificulta la conciliación entre el trabajo y el tiempo libre. Como uno de sus resultados, la emancipación residencial es un objetivo difícil de alcanzar y, cuando se logra, a menudo parece ser inestable e inseguro.
Las personas jóvenes expresan una tendencia hacia el rechazo del trabajo asalariado debido a varios motivos. Primero, buscan evitar la estabilidad laboral debido a la insatisfacción con las condiciones laborales de los trabajos actuales. Para abordar este rechazo, se enfocan en la formación y en aumentar su cualificación, en línea con la idea de la constante optimización promovida por la psicopolítica actual.
Tengo un contrato de un año, que no me garantiza absolutamente nada. En un poco esta desesperación por el futuro me metí a otro máster en Recursos Humanos pensando que iba a tener más salidas laborales pero realmente no me gusta nada. Pero es como rendirse un poco al mercado laboral. Porque no veo como mucho futuro a mi carrera (E3).
Sin embargo, esta visión de la autoexplotación planteada por Han (2014) no captura completamente la realidad, ya que las personas jóvenes no buscan la optimización solo por elección consciente, sino también debido a condiciones materiales desfavorables que les hacen replantear sus trayectorias vitales. La optimización educativa no siempre es una opción deseada, sino una vía de escape de una realidad laboral problemática.
A pesar de que en los discursos pueda percibirse cierto rechazo a la estabilidad de la vida adulta, es en realidad, una vez más, un rechazo a la vida centrada en el trabajo asalariado que monopoliza el tiempo cotidiano y deja sin espacio al desarrollo de la comunidad, la creatividad y el disfrute.
Esto también rompe con el concepto de falsa dicotomía del dogma del trabajo que Frayne (2017) emplea en su investigación: esta dicotomía encarna la idea generalizada que afirma que las personas afrontan una opción entre el trabajo y la pereza, desprestigiando el valor social de actividades que no son trabajo asalariado. A partir de los relatos del trabajo de Frayne, podemos concluir que «la decisión de resistirse a trabajar nunca estuvo motivada por la pereza, la negligencia o una aversión a la actividad productiva [...]. La decisión de resistirse a trabajar estaba también motivada por un potente conjunto de principios morales alternativos» (ibid., p. 113).
Otro de los motivos principales que impulsan este rechazo o resistencia al trabajo hace referencia a las dificultades para encontrar empleo a pesar de un alto rendimiento educativo. La tendencia a conseguir empleos precarios hace que busquen oportunidades y experiencias alternativas, incluso si eso significa construir trayectorias irregulares e inestables. Además, la falta de referencias claras en la transición a la vida adulta contribuye a esta concepción de estancamiento.
Mi idea es estudiar otra vez para no estancarme tan pronto. Y una cosa que me di cuenta en el trabajo anterior, que había gente ya con mi edad, con responsabilidades, con ese trabajo y eso me dio como bien de agobio. Y por eso, bueno, opto por estudiar otra vez o intentar estudiar algo de nuevo (E1).
La brecha generacional entre los progenitores y las personas jóvenes también influye en este rechazo a la estabilidad, ya que las experiencias y contextos son distintos.
Me hubiera gustado sobre todo tener modelos, referentes en los que poder fijarme, pero ya no a nivel laboral, sino a nivel de vida práctica. Alguien más cercano a mí que llevara poco tiempo trabajando, pero que también tuviera como estas ganas o esta cosa de querer independizarse, de querer empezar a ser independiente lo máximo posible… (E2).
En resumen, factores interconectados como las experiencias de precariedad laboral —empleos temporales y puestos de trabajo no relacionados con la vocación— y la inseguridad de la trayectoria vital parecen contribuir a la tendencia del rechazo del trabajo por parte de las personas jóvenes entrevistadas.
Las personas jóvenes tienden a concebir sus trayectorias vitales de manera diferente a la de sus progenitores, lo que ha generado desorientación en la formación de sus caminos. Esta ruptura en la transmisión de valores y metas ha llevado a una sensación de desconexión con las experiencias de sus padres y con la educación de la propia institución educativa. Además, destacan la percepción de que sus progenitores no enfrentaron tanta temporalidad, condiciones laborales abusivas y, sobre todo, tanta incertidumbre en sus trabajos como ellos.
Esa edad de ser más jóvenes, yo creo que ellos han tenido como más suerte [...]. Obviamente las cosas han cambiado muchísimo y en su momento el encontrar un trabajo y ser estable en ese trabajo durante 30 años era lo más normal [...]. Los estudios de mi padre seguramente han sido menores o iguales a los de cualquier persona y ha conseguido un trabajo estable. O sea que yo creo que ha sido más bien que antes, igual las cosas eran diferentes (E4).
Además de las condiciones materiales del empleo y la economía, las personas jóvenes también identifican cambios en el imaginario colectivo que las distinguen de las generaciones anteriores. Esto influye en cómo construyen sus trayectorias y conduce a resultados diversos. Sin embargo, no se trata de comparar, sino de comprender cada desarrollo de trayectoria y expectativa de futuro en su contexto respectivo. A pesar de los obstáculos, las personas jóvenes intentan encontrar un modelo de vida estable, pero se ven obligadas a desarrollar sus trayectorias dentro de dinámicas de flexibilidad estructural debido a múltiples desafíos.
Digamos que estamos empezando a detectar que esos elementos no son la fórmula para el éxito ni para la felicidad como siempre nos han vendido. Que hacen falta muchas otras cosas, hace falta una red de cuidados, hacen falta espacios en los que poder hablar de este malestar y el sentir que no los tenemos es lo que nos está llevando a esta incertidumbre y a este rechazo incluso al trabajo porque nos estamos dando cuenta de que esta fórmula o estos elementos no garantizan la estabilidad que te podía garantizar tener un trabajo hace 40 años (E2).
Las personas jóvenes se encuentran en una situación precaria y expresan sentimientos de crítica hacia estas condiciones, pero también experimentan un agotamiento desesperanzador. Los discursos reflejan una expectativa pasiva de los acontecimientos en lugar de una participación activa o militante.
Igual no he dado todo lo que tendría que haber dado y ahora pues claro, ahora vienen las decisiones que no dependen de mí y pues… No tengo nada que hacer ya, o sea, ya está todo hecho. Ya... No hay solución (E4).
Las personas jóvenes también anhelan el apoyo y la orientación a lo largo de su educación y transición laboral, tanto por parte del personal docente como de sus progenitores y otros referentes personales.
Eché bastante de menos una educación más en la autodeterminación, en poder reconocerme a mí misma como sujeto activo a la hora de tomar decisiones o a la hora de poder decidir sobre mi propio futuro (E2).
A pesar de la flexibilización creciente en las condiciones laborales y la precariedad, se observa una tendencia hacia el rechazo del trabajo y de estas condiciones. Esto plantea una contradicción en el sistema capitalista, que requiere trabajadores disponibles pero también salarios y estatus suficientes para su reproducción. Las teorías de la psicopolítica y las subjetividades sugieren que la flexibilización puede estar limitando la capacidad de emancipación de las personas jóvenes, lo que plantea preguntas sobre la negociabilidad de su futuro.
La manera de actuar y de abordar los conflictos de las personas entrevistadas parece ser consecuencia de una ruptura social y anómica. Una ruptura entre la idea de trayectoria lineal y segura propia de la enseñanza educativa institucional y familiar, y el encuentro de la persona joven con una realidad social flexible e irregular. Ante la imposibilidad de conseguir estabilidad laboral y vital, los discursos manifiestan un descontento latente que no termina de articularse como problema social. A pesar de que los discursos manifiestan un rechazo a las situaciones de precariedad, parecen acercarse más a lo que Fisher llama «formas de descontento capturadas»: signos localizados de discordancias sistémicas mayores que el analista social debe descubrir y convertir en una crítica más amplia a la situación política reinante (2016, p. 120).
La juventud es una construcción social influida por factores históricos, sociales y políticos, lo que la hace diversa e interseccional. En la transición a la vida adulta, las trayectorias son cada vez más difusas, marcadas por obstáculos estructurales que afectan la identidad y la experiencia juvenil. En este contexto, el trabajo se analiza como una relación social que cohesiona y produce identidad, siendo una actividad histórica y cultural que interactúa con el poder, la tecnología, el género y la subjetividad. Sin embargo, la flexibilidad laboral en el neoliberalismo ha debilitado la identidad laboral y la seguridad en el empleo, afectando especialmente a los grupos vulnerables.
El informe realizado por el Observatorio Vasco de la Juventud (2022), «Aurrera Begira 2022. Indicadores de expectativas juveniles», concluye que la valoración del momento presente por parte de las personas jóvenes vascas de entre 15 y 29 años se ha situado en 62 puntos sobre 100, el valor más bajo de los últimos cuatro años. Además, la renta económica, la situación laboral, el tiempo libre y la salud son aspectos con brechas consideradas importantes entre «la importancia otorgada» y «la satisfacción percibida» (ibid.).
Las expectativas de futuro de las personas jóvenes están moldeadas por la precariedad laboral y los cambios en las necesidades generacionales. La inseguridad económica y laboral impacta en la estabilidad emocional y la calidad de vida. Sin embargo, el sistema capitalista tiende a desactivar la crítica social, presentando sus dinámicas como la única alternativa posible (Boltanski y Chiapello, 2002). Han propone deshacer la psicopolítica como medio de dominación, es decir, «des-psicologizar y vaciar al sujeto a fin de que quede libre para esa forma de vida que todavía no tiene nombre» (2014, p. 62), aunque no ofrece estrategias concretas de acción colectiva. A pesar de que la resistencia cultural ofrece una vía para desafiar el sistema laboral, aún no existe un movimiento con la capacidad de desplazar el trabajo de su posición central en la sociedad (Frayne, 2017).
Sin embargo, ¿no hay escapatoria? ¿El poder del capital y de las sociedades de control es tan omnipotente que puede instrumentalizar toda forma de oposición y resistencia?
La globalización ha reducido la capacidad de los Estados para abordar conflictos, lo que ha llevado a una reconfiguración identitaria en un mundo dominado por flujos globales (Castells, 2017, p. 21). Además, el Estado influye en la producción simbólica de los problemas sociales, consolidándolos como realidades incuestionables (Bourdieu, 1997). Para que un conflicto social emerja, los grupos desfavorecidos deben tomar conciencia de su situación y cuestionar la legitimidad del sistema (Coser, 1961).
Llegados a este punto, sería interesante plantearse si en las sociedades vasca y española actuales se está dando o se dará a corto plazo una transición desde el resentimiento entre clases sociales hacia el conflicto social, transición motivada por la detención de la movilidad social ascendente. Y yendo más allá, ¿qué es lo que está impidiendo esa transformación hacia el conflicto social por parte de las personas jóvenes?
Mark Fisher describe el «realismo capitalista» como la dificultad para imaginar alternativas al sistema actual, siendo necesario «poder articular qué es lo que queremos, lo que equivaldría a desarticular el meollo que el capital forma con el deseo y la tecnología de consumo» (2016, p. 115). Bauman también ofrece esta reflexión: «¿por qué estamos tan seguros de que una economía que no sea esclava del mercado es una incongruencia y que la desigualdad creciente no puede ser frenada? La utopía es nuestra arma principal para impedir cualquier cierre del debate» (2017, p. 150). Para Layla Martínez (2020), imaginar futuros peores nos ha quitado la capacidad de pensar en un porvenir mejor. La historia está llena de victorias, de brechas, de momentos de ruptura en que todo ha saltado por los aires y se ha abierto la posibilidad de construir algo distinto. Estos movimientos de resistencia tienen un impacto global y generan nuevas formas de vida y cooperación, ya que la producción se lleva a cabo a través del movimiento, la cooperación y la comunidad.
El estrés, la ansiedad y la depresión no solo son problemas individuales, sino síntomas de un modelo laboral que aliena y genera precariedad (Frayne, 2017). A pesar de que el trabajo se presenta como fuente de autorrealización, en muchas ocasiones limita el desarrollo de capacidades creativas y cooperativas. Es necesario cuestionar la racionalidad económica y reivindicar el valor de actividades ajenas al trabajo remunerado (Bauman, 2017).
Para superar esta crisis del trabajo, se requiere una resistencia colectiva, como planteó André Gorz (1991), orientada a redistribuir los beneficios del desarrollo productivo y reorganizar las relaciones laborales en función de una vida más libre y digna. La aceleración del cambio social ha transformado los marcos laborales tradicionales, generando nuevas formas de conflicto y negociación. En este contexto, es crucial replantear el empleo flexible, la distribución desigual del trabajo productivo y reproductivo, y la lógica hegemónica del beneficio inmediato. Solo así será posible construir trayectorias vitales más justas y democráticas.
En definitiva, esta investigación ha abordado la relación entre juventud, trabajo y precariedad laboral desde una perspectiva sociológica, identificando las tensiones y contradicciones que caracterizan el mercado laboral actual. Sin embargo, existen ciertas limitaciones, como que el contexto geográfico y cultural de las entrevistas puede restringir la generalización de los hallazgos a otras regiones con dinámicas laborales y sociales diferentes.
A pesar de las limitaciones, el estudio abre nuevas líneas de investigación. Entre ellas, el análisis longitudinal de cohortes juveniles para comprender la evolución de sus trayectorias laborales y vitales, el estudio del impacto de las políticas de empleo en la precariedad juvenil y el debate sobre la hegemónica centralidad del trabajo en la vida social. Investigaciones como la citada de David Frayne acerca de la teoría y práctica del rechazo del trabajo podría servirnos de referencia para seguir explorando los discursos y trayectorias de las personas jóvenes en Euskadi.
También se plantea la necesidad de explorar alternativas de distribución de la riqueza, como la Renta Básica Universal (Tena, 2018), así como ampliar el debate sociológico sobre el rechazo al trabajo. Para ello, es necesario examinar en qué medida se están gestando nuevas prácticas y modelos de vida que desafían la lógica productivista.
La transformación del mercado laboral y el cuestionamiento de la centralidad del trabajo plantean desafíos teóricos y políticos que requieren una revisión profunda de las condiciones laborales actuales. Explorar nuevas estrategias de distribución de la riqueza y de organización social podría ser clave para empezar a construir sociedades más equitativas, sostenibles y felices.
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Jon Sedano Collantes es sociólogo graduado en la Universidad del País Vasco. Graduado en el Máster en Problemas Sociales: Dirección y Gestión de Programas Sociales en la Universidad de Granada, obtuvo matrícula de honor en su trabajo final de máster: Empleo y crisis juvenil: Un estudio de las trayectorias hacia la vida adulta en el capitalismo actual de Euskadi en el contexto español. Sus áreas de interés incluyen el empleo, la desigualdad social y la juventud. Actualmente su investigación se centra en el análisis de las trayectorias laborales y vitales de los jóvenes en contextos de precariedad y desempleo.